La catedral de Colonia (Der Kölner Dom) o también con un nombre menos usado, la Iglesia Mayor de San Pedro (Die Hohe Domkirche Sankt Petrus) es la iglesia más grande de la ciudad y un símbolo. Sin embargo, el lugar donde está construida tiene una larga historia. Para mí, un significado enorme por lo que relataré más adelante.
En el sitio, originalmente en 313 se encontraba un templo romano y algunas casas, las cuales fueron convertidas en una iglesia cristiana. Durante el tiempo de los reyes merovingios cerca del 600, hubo aquí un complejo eclesiástico con una pila bautismal y un baptisterio, el más antiguo de la ciudad que data de la alta edad media. Durante el reinado de Carlomagno, en 800, se construye aquí una enorme iglesia carolingia, la así llamada Catedral Vieja (Der Alte Dom) que fue consagrada en 873. En el año 1164, después de la victoria del emperador Barbarroja en contra de los milaneses, se regala a la ciudad los restos de los Tres Reyes Magos (Die Heiligen Drei Könige). El arzobispo de Colonia, Rainald von Dassel, trae las reliquias en una pomposa procesión. Desde ese momento, la catedral de Colonia se convierte en uno de los destinos de peregrinación más importantes de Europa. Tanto así, que los emperadores alemanes, quienes eran coronados en la Catedral de Aquisgrán (der Aachener Dom), hacían aquí una parada para reverenciar a los reyes magos. El cofre que guarda sus restos fue diseñado por el orfebre Nikolaus von Verdun y se trabajó en él entre 1180 y 1230, transformándose en la reliquia más importante de la alta edad media europea. Por su gran significado, muchos peregrinos vinieron a la ciudad, quienes además donaban dinero para que fuese posible la construcción del edificio que vemos actualmente.
El 15 de agosto de 1248, el arzobispo Konrad von Hochstaden puso la primera piedra de la catedral gótica de Colonia, la que conocemos actualmente. El primer y original arquitecto de la obra, el maestro Gerhard, fue quien comenzó con la construcción. Sin embargo, la obra finalizó recién en 1880 con el término de las dos torres frontales, las cuales fueron lo último que se hizo en su fachada actual, pero respetando el modelo del maestro Gerhard. Durante la Segunda Guerra Mundial los aliados bombardearon Colonia un sinnúmero de veces y, pese a que la catedral se respetó, no por su significado, sino que porque sirvió para que los aviones se guiaran en sus incursiones en territorio alemán, recibió más de 70 impactos, por lo que a partir de 1945 con la derrota absoluta del nazismo, se comenzó a reconstruir. Y, así, la gran mole que corona la ciudad, a un costado del Rin, se irgue como una prueba inmortal del espíritu y la perseverancia de los alemanes.
Para mí, la catedral tuvo un significado altísimo desde que llegué a esta ciudad a la que puedo llamar mi segundo hogar. El segundo día que llegué a la ciudad la visité por primera vez. Era 5 de octubre de 2021, cuando todavía venía con una mochila llena de sueños y mucha inocencia. Me impresionó de inmediato su altura, su grandeza, algo que mi madre, quién había peregrinado a Colonia con nuestro amigo Luis María, ya me había dicho. Así que mi primer encuentro con la catedral fue más bien de impresión por su grandeza.
Dentro de ella, había una cantidad enorme de tesoros e historias como las que nunca imaginé. Por supuesto que la atracción más relevante es el cofre de oro de los Tres Reyes Magos. Sin embargo, me llamó mucho la atención también el Altar de los patronos de la ciudad (Der Altar der Stadtpatrone), aquel que el mismo Goethe, cuando estuvo en Colonia a fines de 1700, comentara con tanta admiración acerca de su belleza e importancia. Hay grandes historias acerca de esa obra diseñada y construida por Stefan Lochner en 1442. Recuerdo que muchas veces recorrí los demás altares, las tumbas de los arzobispos y príncipes alemanes, los vitrales, incluso la ventana de Richter, que no gustó mucho al principio cuando se inauguró en 2007, pero que es relevante porque está dedicado a la diversidad. Ya que, como dice la canción, Colonia es multiculinaria, multicultural. Es una ciudad alemana que recibe a todos, en la cual encuentras gente de todas partes del mundo.
El Dom para mí tiene un significado vital. Recuerdo muchas veces, melancólico producto de la soledad y la lejanía de mi hogar, caminé por la plaza del Dom (Domplatte), contemplando esa obra de cientos de años. Entrar en su interior, contemplar su belleza, su tonalidad espiritual, reflexionar sobre su historia, siempre eran para mí un antídoto. Después, venir aquí con mi esposa, con mi familia cuando me visitaron. El Dom para mí siempre fue un símbolo y lo llevo en mi corazón. En uno de los momentos más difíciles, en el diciembre pasado, cuando, producto de las circunstancias, me vi forzado a pasar Navidad solo, estuve aquí para la Misa del Gallo (Die Christmette). En medio de la soledad de la noche santa, el Dom fue mi refugio y donde encontré un antídoto para la soudade que me provocaba pasar la festividad solitario. Fue un momento inolvidable.
Esta mañana recorrí la plaza del Dom, lo visité y recorrí sus inmediaciones por última vez. Era una despedida necesaria, porque antes de volver a casa, tenía que decir adiós al símbolo de la ciudad. El Dom, Colonia y su gente (dentro de los cuales me llevo grandes amigos) están inscritos con cariño en mi corazón después de haber estado tanto tiempo en estas tierras llenas de historia, algunas de las cuales hice mías.