miércoles, 12 de noviembre de 2014

Yo soy el sujeto de la historia.
Yo hago y deshago mi vida
escojo a quienes ne hacen
y a quienes me destrozan.
Yo eligo morir día a dìa
como si la existencia
no tuviera un puto sentido.
yo me resguardo en tratarte,
tu no resguardas maneras
y sigues con ese impulso,
Famélico viento
que resopla sin cantar
y calla sin callar.

yo soy todas las constelaciones
y me quemo con toda la fuerza
de sus núcleos ardiendo,
De sus volcánicos rostros
de los planetas errantes
por la fuerza inerte de sus cuencas.
soy los planetas
y soy sus heridas
soy los umbrales
que olvidaron
que el dolor cuando entra
Se queda a tomar el té.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Iguala

Cuando uno se pregunta, ¿Qué es Latinoamérica? muchas respuestas, perspectivas y enfoques entrecruzan nuestras cabezas. Sin embargo, pareciera ser que una de las yagas que posee nuestro continente, que se cierne sobre nuestro destino a través de cientos de años, es la cruz de la injusticia. Desde que comenzó la destrucción de las culturas aborígenes (es molesto el concepto de lo "pre-colombino") en nuestro continente, nuestra tierra ha sido hollada cientos de veces por las botas criminales de las fuerzas militares de imperios, naciones, trasnacionales, etc., que se han llevado lo más precioso (o son dueños) que contienen estas tierras que constituyeron para los primeros misioneros cristianos un verdadero "paraíso". Un continente maltratado, asfixiado, usurpado y torturado que ha sabido a duras penas y bajo los más disimiles proyectos políticos salir adelante en la búsqueda de su propia subsistencia. Bajo la sombra del poder imperialista mundial, los pueblos que coexisten en nuestra Latinoamérica, aún hoy no han podido empoderarse de la situación que los conduzca a su autodeterminación y la plena construcción de su identidad más profunda o, si lo han hecho, han sido reprimidos bajo la más terribles expresiones de poder.

Los episodios de horror hoy se producen nuevamente en nuestro continente. La noche de este 26 de septiembre, decenas de familias mexicanas dormían mientras sus hijos, jóvenes revolucionarios que se preparaban para ser maestros de escuela, eran llevados a un lugar incógnito para luego ser asesinados a sangre fría y quemados vivos -al menos algunos- mientras la pira de cadáveres ardía con un oprobioso y recalcitrante fuego que calcinaba las esperanzas de transformación social que habitaba en los corazones de los muchachos aztecas. Luego de este criminal episodio, el grito de sus muertes fue acallado por el poder fáctico de una nación contaminada con el germen de la injusticia y la desidia. Sus muertes constituyeron un canto que el mismo gobierno de Peña Nieto quiso acallar, a través de los usuales mecanismos de silencio y desinterés que los países latinoamericanos utilizan para esconder la injusticia vertical que acontece en sus territorios. 43 adolescentes asesinados, 43 voces que jamás llenarán una sala de clase con ese timbre esperanzador que promueve el cambio; 43 razones más para concluir que nuestra Latinoamérica sobrevive en medio de una profunda crisis de injusticia.

Hoy es el tiempo en que debemos elevar nuestras voces más allá de las fronteras quiméricas que nos han impuesto aquellos a quienes les conviene mantenernos desunidos y unirlas en una sola: JUSTICIA PARA NUESTRAS TIERRAS, es la consigna que debe gritar toda mujer y hombre que habita estas tierras olvidadas por Dios. JUSTICIA PARA NUESTRAS TIERRAS, es la consigna que debe imperar en el ideario político de los pensadores vanguardistas que serán el sustento filosófico que guíe el avance de un ideal que traspasa clases, estratos, ideologías, puntos de vista u opiniones: el ideal de que de una vez por todas los países latinoamericanos comprendan que no debemos temer a hacer la JUSTICIA en cada una de nuestras naciones, porque a pesar del escepticismo reinante, no podemos escapar a la inexorable labor de forjar nuestros destinos con nuestras propias manos y no dejar a los variopintos poderes continuar con la construcción de un mundo en el cual priman los intereses de unos pocos por sobre los de muchos, como aconteció aquella fatídica noche en Iguala.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Ex Nihilo

El camino se acaba donde van las ilusiones
y las hojas caen oblicuas sobre el viento
los amantes callan mil misterios
(pues, cuando el misterio se descifra,
los amantes ya no sirven)
Ante la callada vía del recuerdo.
Es el dulzor que se escapa de lo bueno
lo que nos trae la muerte endulzada
y cada vez que probamos
aquello que demanda
encallamos en nuestros sueños incompletos.

Es imposible crear desde la nada
sin el complejo de un Dios ensimismado.

La hora comienza cuando acaba el día
el domingo aciago por la tarde
con su cálida ramita de melancolía
que cae sobre mi té como canela.
Y te pregunto antes del ocaso
¿Qué caminos me conducen a ti?
Y te recuestas desnuda sobre la cama.
Voy y te beso por todos tus rincones
y me hago héroe en tus recovecos.
Si las yagas surgen de la nada
es porque un Dios las pone, las produce
y todo se desprende de lo hermoso
que es la ignorancia
de un plan en las quimeras.

Si no creo yo desde la nada,
tú eres todo lo que tengo.

martes, 30 de septiembre de 2014

ZZZ

¿Por qué la idea de la muerte se dibuja con
un eterno fulgor en lozanía?
Cómo una sombra que avanza por Londres 38
como un adoquín sepultado por la sangre
que grita.

"Te amo, hasta mañana" resuena el viento
sobre sus labios delicados
y la largueza de su rostro.
¿Cuántas preguntas esconde un corazón nocturno?
Debo ceder ante el fulgor de su alma
aunque todo grite con cadenas encantadas.

Si el mundo se hizo en 6 días
el universo que trajiste,
lo hiciste en 7 meses.

"Como soy tan inteligente,
quizá no sirva para nada",
gritó el enfermo
cuando la turba posmoderna
lo condujo hasta las brasas
de aquel horno infame.

Y todo lo que vimos fue pasado
porque el futuro
es solo una quimera.

viernes, 15 de agosto de 2014

Ser en el mundo

¿Qué es el tiempo? Mi vida, un cerrojo y una ventana semiabierta. A veces me parece que el viento que se cuela por la marquesina trae aromas infantiles. Yo nunca quise ser tan inútil...

La vida me enseñó a conocerme, ante el dolor y la pérdida, contra la enfermedad y la amenaza de la muerte, que avanzaba presurosa por los páramos de una noche en mi pubertad. ¿Por qué sobreviví? Me pregunté mil veces entre un círculo de llamas inexistente. Seguir caminando, observar en unos ojos el reflejo del mar, o las montañas desde un regazo sepultado por el tiempo.

Ahora aquí. Frente a todo, frente a nada. A ser un héroe y un villano, a ser, por sobre todo, un ser humano. Estar aquí, existir, ser en el mundo, condenado a ataduras que recién observo en mi corazón, que se asfixia por el recuerdo de otros tiempos en los cuales fue amordazado. ¿Cuál es el origen de mi llanto, el cual brota desde mi ser por cauces errados? La pregunta ya está a mi disposición y la respuesta la pongo abajo o la pongo en la trascendencia.

jueves, 31 de julio de 2014

Cántaro Olvidado

¿Quién llenará el vacío
del cántaro olvidado?
¿Acaso el viento campestre
de las tardes de la melancolía?
¿O el remoto remanso
que reposa junto a su esencia?
Nadie llenará lo inerte
lo roto en otra instancia
y será siempre la muerte
la posibilidad absoluta.

¿Quién enviará su ser
al olvido?
¿Cuál será su tumba
y su desencanto?
¿Dónde irá su recuerdo
después de muerto?
¿Quién cantara su sonido
con el que se escucha el viento?
No quedará más remedio
que no mirarle.

¿Quién llenará el vacío
del cántaro olvidado?
Un viejo amor del futuro
reverberando en el tiempo.

Brisa

Una mirada que busca,
una lámpara ósea que ilumina la noche
no sé si hay estrellas
o cántaros que se derraman
en el firmamento vacío
como lo que tirita
en la atmósfera poética.

Tan lejos el horizonte
mi vista lo alcanza
entre remotos gemidos
y brisas que me abrazan
como la vez primera
y la última
que te estreché entre mis brazos.

Allende la Luna
una mirada, se apaga.

lunes, 7 de julio de 2014

Un errante camina en medio de la noche: ya ni su sombra le sigue. Es que cuando se agotan las palabras, surge la desesperación por lo no dicho, o por lo que se exclamó y no bastó para armisticio. Sonaron aquella tarde tantas voces, que todos los veranos fueron obsoletos.

Caminaba en medio de la noche y su tabaco compañero acariciaba su carne enrarecida: la desesperación se colaba por su sangre y las lágrimas desgarraron su gaznate. Todo era posible en aquella hora pasada, mas, en la absurda discusión, quedaron desperdigadas todas las esperanzas. Porque cuando el llanto viene llano sobre las cuencas de los ojos, el hablar se torna tembloroso.

Las luces nunca fueron más sombrías; la gente pasando, parecían estatuas activadas por una moneda del destino. Y, por lo demás, ¿qué destino andaba sobre ellos? La desesperación obnubilaba su pensamiento. Un gran pesar se anclaba a sus zapatos. ¿Por qué aquellos en quienes uno más confía terminan siendo tus verdugos? Una pregunta, una bocanada de humo que se confundía con el vapor del hálito que regresaba a la atmósfera desde el microcosmos de su alma.

Nunca todo está perdido cuando la noche es aún una excusa.

martes, 1 de julio de 2014

XYZ

"Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios" Primo Levi.


¿Cuál es la posibilidad del bien? Es una pregunta que abarca la noche como su total inmensidad. Es posible que Dios no exista y que todo el fundamento ontológico del bien no sea más que una ilusión emotiva que nos vincula a la realización de la vida. La vida debe realizarse y en su realización confluye su sentido: no otro puede ser el significado del proyecto que somos, finalmente, cada uno de nosotros. Lo que es hoy, quizá mañana no lo sea (como decía Neruda: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"), y la búsqueda de la eterna vinculación con lo seguro, con la certeza de que las cosas de hoy serán mañana, es un adelanto de nuestro enfrentamiento con la muerte.

En la vida actual no hay certezas. Eso es algo que cada día respiro entre la naturalidad exasperante de los rostros fenoménicos que me rodean, que me circundan, que son mis "otros", que son mi infierno (L'enfer c'est les autres) No hay certezas. La certeza más absoluta se torna redundante cuando dudamos de lo más esencial: ni ello se me manifiesta con seguridad, ni lo que soy, ni lo que somos, ni lo que fui, ni lo que seremos. Anquilosado en la masa ardiente del delirio, está la existencia del mal: "Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios". ¿De dónde ese salto cuántico, desde qué lugar me lanzo hacia el vacío de la nada? Si la única certeza es lo que fue, entonces, lo que será, será verdadero, como se preguntaba Aristóteles sobre su batalla naval. El pasado es necesario. Lo que somos, no lo es tanto. Y el futuro, el futuro es incierto. Si Zubiri tiene razón y somos seres "futuristas", entonces somos esencialmente no esenciales. Nietzsche dijo "Dos mil años y ni un nuevo dios". Heidegger respondió: "Sólo un dios puede salvarnos".

jueves, 5 de junio de 2014

Ser feliz

Con la entrada de la noche y con las dudas, avanzo enmascarado. No veo más que obstáculos y no sé cómo sortearlos. Quizá mañana brille un sol que me queme y que me demuestre que en el calor también cabe la traición: cuando todo haya acabado, sólo dime que las cosas estarán bien, que asumirás la derrota y que dejaras que me consuma en el dolor como siempre lo he hecho. Después de todo y nada, todo estallará y creará nuevos universos.

¿Dónde estaré de pie y con un libro propio bajo el brazo cuando comiencen los fuegos artificiales? Cada vez que brillo y me consumo, muero de algún modo. Si nuestras acciones se pegan a nosotros y nos agotan, como el fuego al fósforo, entonces quisiera ser vacío, quisiera ser como Dios y flotar en un vacío ontológico que nunca acabe. Si voy al Cielo, le preguntaré a Dios por qué me creó, aunque quizá ya tenga la respuesta.

Cada vez que viajo por estas frías galaxias, por gélidos témpanos que se atraviesan ante mi camino, no escucho sino el eco que me dice "¿Lo lograrás?". Pues, los dioses siempre se han contentado en aplastar todo lo humano. "Soy un hombre: nada humano me es ajeno", pero quizás hay Algo que me pide más. Si tengo que sacrificar lo que tanto luché por conseguir, entonces, ¿qué me queda? Como Abraham, subo al monte y entrego mi sacrificio: creí mi alma estéril y de ella surgió el más espurio de los quehaceres del corazón. ¿Dónde encontraré mi choza, para pelear contra Él?

Hoy estoy aquí: ¡Escúchenme, desde mi pequeño planeta, toda la vida del universo! No hay mayor derrota que la que provocas por ser como eres y quizá ser es una condena de la cual jamás podré salvarme. No soy cobarde, no soy débil, soy simplemente un corazón que se ha estrellado tantas veces contra sus propios errores que se siente ridículo, porque cada vez que ve la ventana por la cual escapar del vacío existencial, se lanza presuroso por entre la marquesina y cae en un lugar más absoluto y frío que el anterior (¿Dónde estará aquel lugar que perdí en el tiempo?) Es probable que todas las hazañas que haya realizado, sean las que se transforman hoy en mi enfermedad mortal.

Caminé entre cadáveres y flores, entre los acérrimos días del invierno absoluto, por entre el desdén, la crítica, la burla de personas que jamás comprendieron que mi corazón no era semejante al de ellos: yo no soportaba lo que ellos soportaban, mas, ellos no sentían tan sublime como yo sentía. Quizá por eso, me encuentre equilibrándome en una cuerda lanzada en medio del abismo, desde la cual pretendo ser lo que jamás podré ser: una persona feliz.

domingo, 11 de mayo de 2014

Ser elpídico

Un ámbito del recuerdo
Puede basarse en tantas cosas,
Fenómenos que no acaban
De atravesarme como saetas
Que lanza certero
El angel de la desesperación.

Recuerdos de una playa vacía
De un atardecer cualquiera
Que lo siento como actual
Por su potencia,
Por su contenido absoluto
De amor reciente
De esperanza inacabable.

Toda esperanza temprana es total.

Aquí estoy ante todo y ante nada
Como si de una ráfaga de viento
Se tratase,
Como si la forma remota
Que adquirimos en verano
Fuese un fantasma
Que se deshilvana
Como un trapo deshilachado.
¿Dónde estás?

Puede que cuando duermes
Vuelves a eso
Y te contemplo atentamente
Con mi despertar espontáneo
Y mi necesidad absurda
De que repitas las cosas.
Sí, entonces vuelves
Y yo me hago lo que era,
Lo que soy y lo que quizá no seré.

Por eso y tantas cosas
Estaré en todos los sitios
Buscándote desesperadamente
Como un grito inaudito
Como una playa de otras épocas
Como un mancillado corazón actual
Que te reclama en lo cotidiano,
En la aceptación de la realidad
Y en el canto que emite tu respiración
Cuando estás dormida
Y yo sigo viviendo en la esperanza.

jueves, 8 de mayo de 2014

Confesión

Hay momentos en que el cansancio vicia todo lo que haces. Entonces, ninguna estrella puede brillar y, en caso de hacerlo, no la logras ver. Quizá, mañana una estrella brille y pueda verla. Y, entonces, me daré cuenta que la luz no se va jamás, sino que se esconde de soslayo en medio de mi vida.

Irremediablemente vuelvo a las palabras que me conducen a la reflexión, a la ansiedad (o a su aniquilación), a la destrucción de mi mismo, a parir un ser que no quiero dentro de mí, que no quiero dentro de mis entrañas, como si se tratase de una abominación estomacal que me consume y me lleva al delirio. Concuerdo plenamente con los suicidas, pero no podré jamás ser uno: vivo la vida como un deber.

Si bien soy un kantiano, soy uno a quien la razón le produce nauseas. No veo el por qué de ciertas situaciones que aquejan mi existencia:

¿Por qué aspiro a cosas que no existen?
¿Por qué soy tan inseguro?
¿Por qué soy molesto para las personas?
¿Por qué no logro hacer feliz a nadie?

Vivo y muero pensando en los demás. Sin embargo, los demás pocas veces piensan en mí (o así me hacen sentir) "Uno acepta el amor que cree merecer", dice el protagonista de una película. Es un profesor hablándole a un alumno frente a una pregunta que este le formula. Detrás de todos los seres pareciera haber un amplio sendero oculto y que jamás puede revelarse: aquel es la vía que aquí dejo expresada. Pues, no puedo llevar esto a las personas que amo, pues se preocuparían por mí. A veces lo converso con amigos, pero siempre en un nivel de distensión y casi con risa. Lo hago parecer algo divertido, sin razón y que, por lo demás, no representa un problema en mi vida. Sin embargo, nadie sabe que mi dolor se expresa como un veneno que atraviesa mi sangre y me ahoga.

Yo también ahogo a los demás. Tiendo a ser tan preocupado por los otros, que los otros tienden a verme como un problema, como un desperfecto, como un hinchador. Sin embargo, yo lo único que quiero es hacerme parte de sus vidas, serles esencial: He ahí mi pecado. Jamás podré ser esencial para nadie más que para mí mismo. Yo me conozco a mí mismo, quizá soy un socrático de la autognosis. Y en eso radica toda mi verdad, en que nadie se conoce, o pocos se aceptan y, aunque yo me acepto por completo, la constitución de mi identidad también requiere de la aceptación de los otros, que me vean como alguien que vale, como alguien importante para sus vidas, como alguien en quien confiar, a quien recurrir y en quien encontrar una palabra, un abrazo, una lágrima compartida... Esa es lo que quiero que los demás vean en mí.

Probablemente este sea un gran descargo de conciencia, y lo veo como una necesidad. Porque cada día que me levanto pienso en las personas que amo, en las personas que dejaré algún día, en todos los proyectos que alguna vez estuvieron en mi corazón, en todos aquellos que partieron y que por momentos necesito, en todos los jóvenes que van pasando por mi aula, donde doy lo mejor de mí para que se transformen en personas dignas, honestas, sinceras y que, por sobre todo, aprendan a amar al otro como debe ser amado. Porque a veces las demás personas me parecen como amantes imperfectos, como seres que aman sin saber qué es el amor (y lo que dicen no lo saben o lo saben pero no lo practican) En fin, son tantas y tan variadas las cosas que podría decir al respecto.

¿Es tan difícil pedir al menos un día perfecto en la semana? Ir al café y verla sonreír, con su rostro alargado y su mirada agradable, sus labios delgados y su chasquilla hacia un costado. Caminar por la calle como dos enamorados, sin el temor de ser sorprendidos, pues no hay pecado en lo que hacemos. Observarla caminar y decirle alguna estupidez que la haga reír a carcajadas; sentir el calor de su mano delicada y pequeña; oler el aroma de su cuello al ser besado; sentirla mía, compañera y amante, camarada y amiga: ¿tan difícil es que ocurra esto que a veces ocurre y que tanto ansío? Sin embargo, preferiría algo mejor. ¿Por qué no puedo vivir sin la ansiedad, sin el descontrol de mi corazón y la brumosa y espesa neblina de mis delirios? Quizá viajar a su lado y ser frío o no decir nada. Ser un compañero silencioso. Comprender que no debo alterlarla con mis auto-referencias. Atravesar el camino sonriendo, pero sin atosigar. Observar la calle y ver a la gente pasar. No sentir melancolía al ver una pareja de la mano; comprender que el amor se da también en el silencio callado de besar sus labios solo una vez, para no cansarlos del roce. ¿Tan difícil es tratar todo esto?

Es posible que esté loco. Quizá, siempre lo he estado, pero mis ganas de amar y hacer feliz a otros ha podido desviar sus miradas de mi locura. Entonces, me aceptan, porque soy simpático, porque soy divertido, porque canto, porque bailo mal y hago el ridículo, porque soy capaz de reírme de mí mismo, porque siempre que me piden algo accedo, porque soy buen amante, porque me desvelo por los que amo, porque jamás pienso en mí, porque mi única felicidad es disfrutar de lo que los demás me dan. Hoy me centro en ella, en quien amo y me ama, a pesar de mis defectos, a pesar de ser molesto y muchas veces ahogarla. Y no quiero que se vaya, porque no quiero que mi corazón se rompa nuevamente. Y, aunque eso es inevitable, quizá me ayude a comprender mejor este mundo, del cual no puedo escapar, en el cual quiero estar, en donde quiero construir mi hogar, en donde quiero ver mis semillas crecer... Este mundo, en el que le ruego a Dios me dé la oportunidad de ser feliz con aquella mujer que amo... ¿Hará Dios este milagro para mí?

lunes, 3 de marzo de 2014

Vola nocturna..

Sería deshonesto decir que puedo respirar si no existieras. Como una nube desmaterializándose, como el efluvio de un río devolviéndose a su cauce natural: sí, así mismo como respondió el agente de Dionisos: "Lo mejor es no haber nacido y si es que se ha nacido, lo mejor es volver desde donde se ha venido". Los destinos nunca tienen un retorno, la desembocadura del río en el mar no asegura que esa agua vuelva a fluir la misma eternamente sobre el mismo río. Con el corazón transfigurado, te amo desde mi alcoba en esta noche remota en el tiempo que pasa y pasa; desde mi silla desvencijada, los acordes de tu sonrisa resuenan como si de un concierto se tratara. Ya no hay más nubes en el horizonte; la tormenta se ha marchado de Sayago y el cielo se desnuda azuleando las vidas de los mortales (¿te acuerdas cuando te envié esa fotografía de un cielo que nunca terminaba de colorearse?) Desde un delirio y un desahogo, yo te escribo hacia las dimensiones más profundas del amor.

Estas dibujada con una pintura que no se desvanece; eres impresión perpetua de besos que se ahogan en gemidos tenues de tus labios vinotinto, de tu maravillosa forma de observar el mundo y de tus preguntas por la noche. A veces amo estar en la cama contigo, como si nada más existiera (y esos "a veces" son solo un eufemismo) Y, desde esa trinchera, ahuyentar todas las tormentas que vienen hacia tu corazón desnudo de miedo y sufrimiento. Cuando reflexiono acerca de lo que podemos lograr, me quedo un tanto pasmado: ¿qué es lo que le sucede a nuestros corazones, que dieron un salto olímpico, como una metábasis aristotélica, una imposibilidad lógica que nos trajo la aporía del amor? En mis brazos desnudos de noche, tu cabeza encuentra una almohada tibia donde reposar la modorra de estar tan vivos y yo me quedo mirando en la oscuridad de la noche, a ver si de pronto todo se desmaterializa y despierto con la alarma de la mañana del sueño más hermoso que he tenido.

Al escribir desde el asombro, el relieve cordillerano se torna simplemente el anfiteatro del Sol, cuyos rayos constituyen la presencia del dios. Como un poder universal que todo lo transforma, su calor nos despierta y nos da otra oportunidad de estar tan vivos, de respirar conscientemente, de besar voluntariosos nuestros labios agotados por el paso del tiempo y de tantos otros que los vieron ir y venir como aves en primavera. Desde la mañana tan pura, en esta noche que se acerca a su apogeo, desde el prisma mismo del loco sentimiento, una estrella tirita queriendo ser abrasada: es que su calor se colma del calor de su estrella favorita: en un caso tú, en otro caso yo...

martes, 25 de febrero de 2014

Un final

Ya está, estoy aquí, lejos del mar y del eco retozante de sus olas. El verano está aparcando en nuestras esperanzas y todo se tizna con el humo de lo novedoso de la incógnita. ¿Cómo el descanso pudo comenzar con el corazón ardiendo arriba de un avión que volaba a 35 mil pies de altura y terminar en medio de las contradicciones y tu amor que cae oblicuo como el rayo de sol en el ocaso? Aunque todo término es un comienzo, y a veces lo vivo tenga apariencia de muerto, ¿cuántas veces lo muerto tiene apariencia de vivo? Muchas veces he visto por las calles de Santiago amantes que van de la mano pero que sus corazones se divorciaron en la discusión anterior; otras, vi en las avenidas de la Ciudad Vieja en Montevideo una pareja de ancianos de la mano alimentando las palomas (si el amor es real, es capaz de alimentar); y, desde la altura del cerro de Tongoy, podía reflexionar mientras olía el mar: cuán grandioso espectáculo que pone al hombre frente a la inmensidad de la incógnita del mar... Es probable que este verano haya sido absolutamente distinto a los anteriores; quizá, este fue uno que me tuvo en las antípodas de la realidad... ¿quién sabe? A veces quienes más opinan son los que menos saben afrontar sobre aquello que opinan... La vida se vive y las decisiones fundamentales se llevan hasta las últimas consecuencias: esa es la forma en la que podremos decir que hemos hecho algo valioso en nuestras vidas y el sabor del fracaso no será amargo, sino tenue como el vino uruguayo. Ahora bien, si hay contradicciones que es posible sortear, entonces la satisfacción sabrá dos veces como el vino chileno: una en la boca y otra en el corazón.

Ya está, estoy de vuelta en mi alcoba vacía y tu presencia es inmanente a mis deseos de amarte. Yo no sé lo que piensas, porque piensas tanto que a veces llegas donde no me es posible llegar. Yo quiero ser amanecer y ocaso en tu cuerpo, más la tormenta convulsiva de tu corazón y tu mente no me dejan brillar como quiero: si me das la posibilidad, yo entonces iré allá donde me pidas e iluminaré en las zonas más sombrías de tu corazón. Sin embargo, soy un hombre real, ¿sabes? Aunque muchas veces las personas piensen que soy un hueón idealista y que ando por la vida cuenteando a las personas. Conozco varias personas que hablan o piensan así de mí. Y no las culpo. Algo que aprendí de la vida es que las personas viven en la exterioridad de lo ajeno, en el mundo, en las personas, en los otros y por eso sus juicios nos parecen tan importantes (Sartre dijo: "El infierno son los demás"), porque precisamente por estar perdidos en lo ajeno olvidamos lo propio y lo que más nos puede constituir: el conocernos (o saber qué queremos). Como te decía, yo soy un hombre real: me sacó la cresta trabajando como todos y estoy construyendo lentamente el sueño que tuve de estudiante; voy lentamente haciendo las cosas que quería y una de ellas fue conquistarte; me levanto temprano y me acuesto tarde; estudio demasiado y como mal; a veces fumo y me tomo mis copetes; toco guitarra y canto; cocino muy bien y muchos podrían ser testigos de ello; también soy buen dueño de casa y me gusta salir a pasear por las tardes; me gusta tomar buen café y a veces tomo una copa de helado; voy poco al supermercado y los malls me atraen de a ratos. Soy un tipo normal y ofrezco una vida normal.

Acá estoy, soy un tipo normal o pretendo serlo. A veces, en las noches, mi espíritu se suelta y dejo de ser un hombre tan normal: me voy en una actitud que muchas veces no comprendo, pero que me ha acompañado por mucho tiempo. Y, entonces, comienzo a escribir... La mayor parte de las canciones, la mayor parte de los poemas, la mayor parte de las cartas que te he escrito, han sido obra de este espíritu enloquecido que me aborda. Sin embargo, me enamoré de ti en la cotidianidad de mi vida.




viernes, 7 de febrero de 2014

Montevideo

Cuando me acerqué a la posibilidad más remota, fue cuando me atreví a hablarte. El sueño de la muerte es quizá el sueño de la vida, de un Dios que nos sueña y que, al soñarnos, se da el ser a sí mismo. Porque, ¿qué sería Dios sin nosotros? En mitad de la noche, transpirando a causa de la terciana, observo la noche: la tormenta no termina. Se ha quedado sobre nosotros, como una presencia inacabada. Entonces, tomo el celular y observo tus mensajes: ellos me transportan a dimensiones donde la lluvia no es una excusa.

Este verano ha sido particularmente lluvioso para los habitantes del Uruguay. La tormenta ha venido con fuerza y ha llevado techos, árboles, ropa, amores e ilusiones que quedaron sumergidas en el fondo del río. Cuando arrecia la tormenta, las personas recogen los árboles que caen y extraen leña. Van en grupos de 3 a 6 personas y talan el árbol para extraer combustible. Es que, a diferencia de lo que todos piensan, Uruguay no es el paraíso de la cannabis y el matrimonio homosexual: es un país donde la clase media paga altos impuestos para poder vivir, a la que le alcanza hasta fin del mes con un tanto de desilusión (les recomiendo el poema "Sueldo" de Benedetti) Toda la hermosura del país se merma entre la codicia y la traición de los mismos poderes fácticos internacionales.

No quiero ser mal entendido. Sarandí es una calle que comienza en la Plaza Independencia, donde yace una escultura y los restos del prócer de la patria, don José Artigas. Una de las avenidas principales lleva su nombre con el sustantivo "Boulevard". Allí, donde termina 18 de Julio, otra de las arterias principales de este melancólico cuerpo portuario, está la plaza y, más allá, yendo hacia el mar, está Sarandí. La Plaza de la Constitución, en la que se encuentran comercios de comida -entre ellos el omnipresente Mc Donalds-, y también está la Catedral Metropolitana. La presencia del Catolicismo en Uruguay no es tan importante como en otros lugares de Latinoamérica. Un estado completamente laico, sin religión alguna en la cual basar su credo, convive en un abigarrado conjunto de creencias y sectas a la cual la gente da su aprobación o desaprobación. Sin embargo, la presencia de Cristo está en la mayoría de ellas, en las diversas manifestaciones que su inmensa figura ha tenido a lo largo de la triste historia de nuestras tierras amerindias.

Sarandí es una calle que baja hacia el Puerto de Montevideo. Es una peatonal, en la cual hay negocios de todo tipo, mayoritariamente gourmet y artesanías. Desde pequeñas chucherías, hasta hermosos trabajos en cuero y lana, hace evocar una calle lenta y lejana, como extraña a la autopista del mundo y de los tiempos del hombre con corbata. Un conjunto de músicos tocan una murga y yo sigo mi camino por esta ciudad encantada.

Cuando he mirado desde el Edificio de la Intendencia, Montevideo se veía desnudo y con la blancura hermosa de la mujer que amo. Sus edificios de color crema, inundan una ciudad circundada por un mar que deja la sensación de no saber dónde comienza ni donde termina. Y ese mar, que se une en perfecta conjunción con el río Uruguay, esconde un color café claro, como la miel que derraman los ojos de esa mujer que allá en mi tierra me espera, con sus labios delicados y delineados como una nube en el cielo; con ese cabello que brilla como un rayo de sol cayendo oblicuo en medio de la tormenta; con esa mirada calma y reposada que no apaga la ilusión que comienza a surgir en su corazón cansado: cada calle de Montevideo me la recuerda, cada calle, con sus edificios de tres pisos y su gente observando el cielo aguardando la lluvia. Cómo la recuerdo cuando, frente al mar, veo cómo el sol avanza horizontalmente sobre el cielo, naciendo desde el mar para sumergirse en él. Y, cómo olvidar aquella tarde, cuando las Manos de Punta del Este me señalaron que el amanecer eran sus ojos y el ocaso el pistilo de su ser. Acá, en las calles remotas y húmedas de la ciudad del cielo vesánico, yo te espero en una ilusión siempre renovada.

Pareciera ser que la ciudad se apaga con el tronar fulgente de los rayos de la tormenta. Las ranas callan y las personas se reúnen en sus casas para escanciar el mate y escuchar las noticias. Resuenan sus espacios con las voces cantarinas del acento de sus habitantes, y yo me siento a pensar en ti. Las gotas caen copiosas, como mi ilusión de abrazarte. El sonido que hacen al azotarse contra el piso, es como el de nuestros cuerpos rebosantes de placer. Pienso en tu sonrisa delineada en esos labios perfectos y beso mi mano y te lo envío a través de las distancias. Todo aquello que no cabe en estos días de lluvia, se lo ha llevado la tormenta: los miedos, las preocupaciones, las preguntas sin respuesta... todo ha sido llevado velozmente por el viento que sopla y resopla con un canto esperanzador. Es que, si me preguntas, yo sí me he acostumbrado a las calles y los espacios de esta ciudad, pero jamás me quedaría acá porque no estás tú...

martes, 21 de enero de 2014

Corazones Amigos

De tierras y soles lejanos
como desafiando distancias inmensas
todo lo atraviesan tus besos,
hacia el remanso de nuestros labios.

Se besan y se besan nuestras bocas
y mis palabras son transportadas
por la calidez del Puelche
y caen sobre ti como un rocío.

Verte desnuda y de mañana,
verte de noche y tan desnuda,
que verte desnuda es mi premura
la ruta hacia el manantial de la hermosura.

Ocaso y Amanecer se abrazan
en un cálido llamado escarlata,
el cielo malva dibuja a lo lejos
el son de nuestra figura estrechada.

Son versos y no besos los que te envío
porque cuando al verte llegue,
los versos transvasaré en besos
y en las llanuras soplara un viento tenue.

Tus abrazos y besos esperaré,
así como tu mirada tan hermosa
contemplando lo que te ofrezco contemplar
y entonces te coronaré la reina de esta historia.

Porque no hay fuerza más potente
que el amor correspondido
yo vengo acá a cantarte con el fulgor de mi voz
que la fuerza del corazón ha respondido:

No hay distancia entre dos corazones amigos.

domingo, 12 de enero de 2014

Despedida

¿Dónde te fuiste, que te marchaste tan lejos,
dónde está el pistilo, de tu amor de paloma,
dónde se halla el cántaro de tu amor tan vacío,
dónde me encuentro en este universo remoto?

A veces me pareces como una rosa deshojada
y tus labios se curvan para hablarme tan lento,
tus ojos se llenan de un cósmico mensaje
y mi albedrío vuelve a tus brazos que me despojan.

Porque te amo y te he amado por largo tiempo,
es que mi corazón yace aquí tan cansado
y sus latidos se tornan de un rojo grisáceo
y su movimiento oblicuo cae por la ventana.

Te lancé mi corazón esa tarde lejana
mientras todos cantaban los días finales
de un año cargado de intensos aromas
y libé tantas veces tu nombre de rosa.

Ven y tráeme el rosal de tus besos
que mi callada boca no te cantará más canciones,
se ha aletargado el sentir de mi pecho
y tus gaviotas vuelan sobre la mollera de otro.

Te olvidaré, pues es mi única alternativa
y aunque me vaya, tienes mi alma cautiva
volaré tan lejos que ya no podrás verme
y para cuando regrese, de mi corazón te habrás ido.

domingo, 5 de enero de 2014

Floritura

Vengo dejando este antiguo camino
sinuoso y vertiginoso
de los cantos agobiados por el peso
oprobioso de una existencia vacía.
Vengo cantando con el corazón inerte
como una vieja guitarra desvencijada,
así vengo yo, con mi alma itinerante,
atravesando los yertos campos del olvido.

Porque olvidarte no es tan fácil
aunque jamás hayas escanciado mis vasijas,
ni yo las tuyas
y todo no haya sido más que un silencio cósmico.
He revivido viejas elegías
funerales interminables
agonías que no caben en un corazón tan cansado
de estar cansado de cantar cansado.

Y la noble barca avanza en el Leteo
como si la muerte invencible fuese una barcarola
cuyo intérprete fuera la muerte misma
en su radiante luz de fuego intenso.
Así voy yo, la vida en una barca
cantando la canción de lo no-sido
de lo virtual y lo sinuoso
del llanto universal y del olvido.

¿Tanto cuestas como el polvo en mis botas?
¿Cuán cansado puede llegar a estar el hombre
que ha dejado su corazón en el campo de batalla?
¿Cuántas luces tienen tus ojos esta medianoche?
¿Cuáles son tus partes esenciales?
¿Dónde hallo un alma relumbrante cual la tuya?
¿Dónde me detengo a verte desaparecer, callada?
¿Cuál es el origen del forzado olvido?

Tráeme la muerte, sino, trae bengalas
y rifa mi corazón en una venta
escoge el castillo y te lo compro
pues el amor lo que no puede lo inventa.
Búscame de noche y ven callada
que podrían despertar los daimones emotivos
y entonces nunca te dejarían volver a ser
una hembra humana, una diosa herida.

Te prometo todas las canciones de la tierra,
solo por un beso, en la marquesina,
junto a los floreros de plantas submarinas
y los arbustos de callados aromas escanciados.
Siéntate a mi lado y te daré refugio
y si alguien osa destruir tu alma tan remota,
ofreceré la opresión del viento en la tolvanera
y haré pedazos todas las quimeras.

¡Ya está!, como Pablo, "Eso es todo,
a lo lejos alguien canta, a lo lejos".
Es la voz de los recuerdos, de los besos callados,
de las mañanas triunfantes en que mi amor aún no te tocaba.
¡Ya está, c'est fini!, no hay corazón que soporte
la ambigua condición del condenado
a un amor que lo mata como un perro:
envenenado el corazón, sobran las palabras.

Secreto espacio divino

La forma subyace detrás de la agonía
de tus besos oblicuos, de tu luz matutina
del amplio gesto de los gemidos callados
y tu rostro dulce como trozo de luna.
Es porque me encantas, porque me enloqueces
que escribo tantos versos en el fragor de la guerra
do mis sentimientos acaban en una explosión
que se funde en el eco de tu amor tal lejano.
Y no sabes las ganas que de besarte tengo
y tomar tu cintura, y besar tu piel lozana
hundirme en tus ojos como planeta errante
desaparecer para siempre en el mar de tu ser.

Las mañanas las paso entre pensarte y olvidarte
como un amor imposible que reposa en las aguas
de un temporal absoluto sin principio ni fin
para verte de pronto con tu sonrisa fácil.
Entonces, las flores son más aromáticas
y tus ojos se vuelven invencibles
con su mirada que transforma mi corazón en piedra
como una Medusa de amor endurecido.
Tu corazón es cansado como lo son las rosas
cuando se acaba la primavera y se acerca el verano
está cansado de ser tan vulnerado
por amores que no alcanzan ni para copa de vino.

Si vinieras esta noche con tu sonrisa divina
te mostraría las flores y su pistilo fecundado
por un amor tan valiente, pero tan callado
que se agota en la furia del desencanto.
Verías por qué la vida decidió unirnos
en el encuentro certero de los soles privados
de plumas que caen sobre nuestras cabezas
y nuestras carcajadas resonando como vientre fecundado.
Verías que el amor eclosiona entre tus risas y mis versos,
comprobarías que nuestro lecho sería eficiente
para unir a la vez el amor y la independencia
de tu corazón indómito de fiera salvaje.

Yo no te prometo una vida excesiva,
yo solo te ofrezco una vida real,
una vida que vivas con la sonrisa pegada
a tu rostro alargado y tus ojos de uva.
Yo te ofrezco escanciar todos tus rincones
los recovecos que otros conocieron
pero que jamás iluminaron
como con mi amor yo lo haría.
Es que me pareces tan inmensa en tu vocación secreta
que no paro de amarte, ni siquiera en mis sueños
yo ya no descanso de este amor implacable
que se impregnó en mi alma cuando viniste a mi vida.

miércoles, 1 de enero de 2014

Eva Onírica

Estoy aquí, sentado con los rayos del Sol
que son la única certidumbre de que estás.
No te veo porque estás lejos
y las emociones se transportan como haces de fotones.
Sin embargo, sé que los mismos rayos
están atravesando tu corazón y el mío al mismo tiempo.

Si no te vi es porque siempre te fuiste,
pero siempre que te fuiste jamás arrancaste
esta flor de raíz, este tallo desde su principio.
jamás te llevaste tu aroma ni el de tus ungüentos
solo llenaste con recuerdos tu espacio vacío
que no fue vacío hasta que quedó por fin vacío.

Tu mañana fue inmensa ante los rayos inefables;
mi mañana fue absoluta entre tus encantos
de tanto que debería alegrarme
por tus manos sencillas, por tu piel blanquecina
por tus senos orgullosos y tu cuello de paloma
y tus labios que cantan la canción del mañana.

Aunque soñé que mis cantos para ti se acababan
este canto lo hago desde el umbral del reposo,
de mi espíritu remoto y sus melodías cansadas,
de este campo yerto que alguna vez fue abundante.

Te soñé, te sueño y te soñaré tantas noches
que las estrellas del cielo me llevarán la cuenta,
y ya no habrá más tiempo que el que paso soñando
como en tus brazos redimiendo mi quebranto.
La noche pasará absorta en tu cuerpo de hembra
y mis papeles se irán en los vagones vetustos.

Te soñé, te sueño y te soñaré tantas veces
que el alma se acostumbrará a verte desnuda
una y mil veces como la noche terráquea,
ciento mil veces como los otoños remotos
de los campos ubérrimos del Paraíso.
Porque serás mi Eva Onírica,
mi pasadizo hacia la vida redonda.

Mi Eva Onírica, carmín de los besos callados,
Eva Onírica de los campos sembrados
y de los vientres encinta.
Eva Onírica, canto de las mil voces remotas
y de las noches de amor en un lecho cómplice.
¡Eva Onírica mi bandera del corazón entusiasta!