Vengo dejando este antiguo camino
sinuoso y vertiginoso
de los cantos agobiados por el peso
oprobioso de una existencia vacía.
Vengo cantando con el corazón inerte
como una vieja guitarra desvencijada,
así vengo yo, con mi alma itinerante,
atravesando los yertos campos del olvido.
Porque olvidarte no es tan fácil
aunque jamás hayas escanciado mis vasijas,
ni yo las tuyas
y todo no haya sido más que un silencio cósmico.
He revivido viejas elegías
funerales interminables
agonías que no caben en un corazón tan cansado
de estar cansado de cantar cansado.
Y la noble barca avanza en el Leteo
como si la muerte invencible fuese una barcarola
cuyo intérprete fuera la muerte misma
en su radiante luz de fuego intenso.
Así voy yo, la vida en una barca
cantando la canción de lo no-sido
de lo virtual y lo sinuoso
del llanto universal y del olvido.
¿Tanto cuestas como el polvo en mis botas?
¿Cuán cansado puede llegar a estar el hombre
que ha dejado su corazón en el campo de batalla?
¿Cuántas luces tienen tus ojos esta medianoche?
¿Cuáles son tus partes esenciales?
¿Dónde hallo un alma relumbrante cual la tuya?
¿Dónde me detengo a verte desaparecer, callada?
¿Cuál es el origen del forzado olvido?
Tráeme la muerte, sino, trae bengalas
y rifa mi corazón en una venta
escoge el castillo y te lo compro
pues el amor lo que no puede lo inventa.
Búscame de noche y ven callada
que podrían despertar los daimones emotivos
y entonces nunca te dejarían volver a ser
una hembra humana, una diosa herida.
Te prometo todas las canciones de la tierra,
solo por un beso, en la marquesina,
junto a los floreros de plantas submarinas
y los arbustos de callados aromas escanciados.
Siéntate a mi lado y te daré refugio
y si alguien osa destruir tu alma tan remota,
ofreceré la opresión del viento en la tolvanera
y haré pedazos todas las quimeras.
¡Ya está!, como Pablo, "Eso es todo,
a lo lejos alguien canta, a lo lejos".
Es la voz de los recuerdos, de los besos callados,
de las mañanas triunfantes en que mi amor aún no te tocaba.
¡Ya está, c'est fini!, no hay corazón que soporte
la ambigua condición del condenado
a un amor que lo mata como un perro:
envenenado el corazón, sobran las palabras.
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