Vuela sutil el vapor de un café desanimado,
en mi mesa de trabajo los papeles descansan.
La ventana me ofrece un día despejado,
pero mis ánimos me atrapan al escritorio.
Vengo desde pasados de canto y sonrisa,
de abrazos opacados solo por el beso
que ofrecías desde tus labios mancebos
y mi piel era joven y alargada.
Hoy están aquí tantos fantasmas
que hacen fila para entrar en mis recuerdos:
Imágenes remotas, como el viento
que acariciaba tu rostro enrojecido.
Apariciones: mar de fugas y ventoleras,
lluvias australes como el eco de unas teclas
que cantan sus vocales como lámparas
que proceden hacia un desvencijado santuario.
Sin embargo, tomo mi abrigo y me lanzo al exterior.
Hombres cabizbajos y de ojos saltones,
mujeres con lágrimas en sus mejillas tibias,
niños que sonríen y meditan.
Árboles sin hojas de un otoño siempre vivo
y las calles llenas de hojarasca,
como filas interminables de vidas
cuya alma exánime cobija famélicas esperanzas.
Doblo hacia una esquina y observo: son dos amantes.
Vienen de la mano como si el mundo no existiera,
besándose como si no hubiera un porvenir.
Los miro de reojo y cae una gota sobre la acerca:
se acerca el temporal.
Todos corren buscando algún refugio
o se tapan con las páginas superfluas de El Mercurio,
o con las manos, con las desnudas manos.
El mar azota las rocas con la misma furia
con la que en mi corazón se agolpan las pasiones
fruto de tantos lamentos y noches delirantes
cuyo sentido se resumía en un único nombre.
¿Por qué reclamo lo que no es mío
y fue tan tarde cuando lo supe
que el corazón tiene razones que no entiende
ni la más pura razón, ni la lumbrera?
Ya es de noche y la luz no me alcanza
y mis lágrimas tampoco me alcanzan
como quise que me alcanzaran algún día,
porque fueron más, pero sanaron menos.
Ya es de noche y el viento lucha con los cables.
Suenan estallidos a lo lejos y la luz parpadea,
me quedo en este cuchitril que tengo por vida
y por mientras, tu gimes y sueñas en brazos ajenos.
Me acuesto con el sonido de la lluvia golpeando en los tejados;
escucho el clamor del trueno y del mar arrebatado;
veo la luz que exuda el rayo
e imagino tus ojos cuando libaban esos brillantes licores
cuando lograba dar con tu risa perfecta,
con la excelente canción con la cual gemías,
con el espléndido festín que se daban mis labios
cuando me amabas y te nombraba en presente.
Hoy ya no puedo ser más, pero tampoco menos;
hoy soy quien soy y cierro mis ojos
para reencontrarme contigo al despertar
porque yo no me he ido de ti,
ni tú de mí,
yo sólo vine a una fantasía para amarte más en la mañana
y amarte más, y hacerte el amor,
y amarte más y desaparecer en tus entrañas.