lunes, 14 de octubre de 2013

El Hombre Sin Casa

El Hombre sin casa,
aborda una hoja de papel
y vuela más allá de sí mismo.
No reconoce ninguna frontera como propia,
pues ni propia es su propia vida.
Se aleja flotando sin peso
en un viento intenso y renovado
y sus lágrimas se vacían,
en un sentido perdido
de viajes anteriores.

El hombre sin casa,

que busca en cada corazón un hogar
y no encuentra sino extraños
que no cobijan ni sus propios sueños.
Porque hoy el mundo es frío
como un iceberg que se separa
del continente congelado.
Ni la música del canto de los pájaros,
ni el resoplido del viento en las colinas
le trae una música hogareña.

El hombre sin casa no pertenece a este mundo,

solo pertenece a su mundo,
en el cual no hay casas,
pero sí muchas cabañas,
armadas al azar por terrosas tolvaneras.
No puede vivir en su propia alma
sin querer habitar también otras:
tal es su naturaleza amigable.
Habita todas las cimas,
pero no baja de ninguna.

El hombre sin casa quiere liberarse


del yugo que le impusieron sus sueños,

que ya no sueña,
ni siquiera despierto.
Abandona todos los corazones,
pues ninguno le dio algún espacio,
y colisiona contra un planeta
cuyo único canto es la soledad de la estepa.
El hombre sin casa, solitario y desaliñado,
ya no ama lo perecedero.

Cuando vuele alto, como las aves del cielo,

encontrará un nido jamás ocupado.
Revertirá el destino, llorará en un silencio renovado.
Encontrará las llaves de todas las puertas
y esas mansiones estarán desoladas
como el amor en el mundo, como la sonrisa en la plaza,
será como el arpa que resuena a lo lejos
y que invita a unirnos a su llanto.
Obsequiará todas las plumas de su traje de pájaro
y nadie podrá observarlo en el aro de Febo.

Quemará las siluetas de quienes fueron sombras

en esta vida cavernaria que profesa el futuro
y que no ha sabido salir aún del destierro absoluto.
¿Dónde beberá el agua de los ríos tan puros,
sino en los ojos intemporales de una ninfa espuria,
que se baña en Estigia, que acompaña al barquero?
Ningún espejo reflejará su pasado,
ninguna gota, rociará su pecado,
flotará como una hoja en el viento otoñal
y morirá por los años, en su triste soledad.

Octavio Alto

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