jueves, 27 de diciembre de 2018

Reflexiones

El materialismo se vence cuando nos damos cuenta, como humanos, del peso que las ideas o el sentido tienen sobre nuestras vidas. Una fuerza imparable, inmaterial nos cubre con su manto implacable, nos empuja a ser y hacer, a triangulárnos con el escenario envuelto en la contradicción que bosqueja la silueta de las ideas, del sentido, una fuente de la cual bebemos como hombres sedientos en medio del desierto. El amor, como idea y como fuerza, como sentido y como el fundamento del universo, es el motor más poderoso contra el cual el hombre se bate en su existencia formidable (tá deiná). El amor y el hombre son dos titanes que se enfrentan uno por dominar el otro. El amor impone sobre el hombre pesadas cadenas, lo enceguece y le quita su fuerza vital, lo amarra a oscuros y contradictorios deseos. El hombre busca luchar contra la razón de la existencia, contra las leyes absolutas que regulan su espacio vital, su contexto, su mundo circundante. ¿Quién ganará en la batalla del destino?

El hombre es la cosa más formidable. El hombre aprende el discurso y las ideas y se lanza al ataque de los otros, que no piensan como él. Si no los vence con el discurso y las ideas, los encierra en campos y los aniquila (Vernichtung). El hombre crea a partir del todo y luego vuelve el todo en un colapso. Las bestias le temen porque saben su poder de destrucción. Se ha hecho de aliados a quienes somete a las propias leyes de su existencia y atribuye su naturaleza a todo lo que se le aparece ahí delante. El hombre genera y acapara, roba y asesina por tener. El tener ha sido lo que ha dominado los últimos 7 mil años de su existencia. Yo mismo soy uno de ellos. Yo mismo me someto a la contradicción de la existencia, a vivir en el vacío de la soledad y el sinsentido, mientras que al mismo tiempo aspiro resueltamente a vivir en el todo, en lo bueno y en lo hermoso. Sin contradicción, nuestra vida sería injusta, como la vida de los dioses.

Y, entonces, ¿qué nos salva de tanta vaciedad? Una vez más, somos nosotros mismos quienes nos salvamos. Cuando era niño, mi madre solía decirme que dios nos carga en sus espaldas cuando estamos tristes y cansados. Hoy me pregunto quién nos carga cuando el peso de la existencia se torna insoportable... Nosotros mismos. Pese a su contradicción, en el mundo circundante humano siempre hay alguien en medio de la nada, incluso ese otro ajeno, aún no constituido, ese otro que aparece como la oveja en medio del campo para el labriego, o como la montaña en lontananza para el escalador. Ese otro que aparece misteriosamente como aparecen las ideas, sometido a las leyes de una causalidad que desconocemos, que no hemos teorizado o que simplemente nos es inaccesible e inefable. El otro que aparece cuando más lo necesitamos y que comparte con nosotros lo más importante que se puede compartir: la pertenencia a la humanidad.

La humanidad es una idea, como el ser perro o gato, rana o pato. No hay nada pre-establecido que nos permita saber qué es ser el hombre, pues el hombre hace camino al andar. Ser hombre significa pertenecer a una comunidad, con una historia compartida, niveles normativos constituidos y legados a través de las generaciones. El nacimiento y la muerte, la guerra y la paz, el amor y el odio son unidades duales en contradicción, esenciales para que la vida humana sea posible en la tierra. La humanidad es un camino que todos vamos haciendo, muchas veces cargando con pesos insoportables, los cuales son alivianados por el otro, que es nuestro hermano, nuestro próximo, nuestro igual. Nadie en este mundo merece estar solo y el hombre que puede estarlo deja de serlo y se transforma en un dios.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

¿Por qué nos marca el destino? 
¿Por qué nos elige y nos pone el peso de lidiar con nosotros mismos?
¿Qué nos sostiene cuando no soportas ni siquiera el propio peso de tu cuerpo?
Cuando niño, mi madre solía decirme que era dios quien nos cuidaba en momentos como este.
Hoy, cuando me parece que los dioses se han fugado del cuadrilátero donde se juega nuestra existencia,
me pregunto cómo es posible sentirse tan solo y vacío y no morir trágicamente en el intento.
Yo quería ser padre...

A veces me pregunto qué hace que las ilusiones pasen y se vayan de nuestras mentes,
que se hundan en el flujo implacable del tiempo - de la conciencia.
Yo quise ser padre, pero me pregunto ¿cómo serlo cuando ni siquiera te la puedes contigo mismo?
Dios es sabio, aunque no exista.
Dios es todo, aunque sea ilógico.
Dios juega con nosotros, porque nosotros mismos jugamos con esas criaturas más débiles.
¿Por qué existió Auschwitz?

Adorno dijo: "Auschwitz commence lorsque quelqu’un regarde un abattoir et se dit : ce ne sont que des animaux". ¿Somos más que animales?
¿Qué significa "ser más" en esa pregunta?
¿Quién puede decir - y sentirse - "más" y por qué se puede justificar esa suerte de "perfección"?
¿Qué fundamenta el odio hacia el otro?
¿Por qué no nos amamos?
No entiendo el fundamento, la razón o el sentido del miedo. El miedo al desconocido, el miedo al otro, el miedo al que se transforma en nuestro infierno cuando nos apunta con el dedo o nos grita lo que somos. "L'enfer c'est les autres".