jueves, 31 de julio de 2014

Cántaro Olvidado

¿Quién llenará el vacío
del cántaro olvidado?
¿Acaso el viento campestre
de las tardes de la melancolía?
¿O el remoto remanso
que reposa junto a su esencia?
Nadie llenará lo inerte
lo roto en otra instancia
y será siempre la muerte
la posibilidad absoluta.

¿Quién enviará su ser
al olvido?
¿Cuál será su tumba
y su desencanto?
¿Dónde irá su recuerdo
después de muerto?
¿Quién cantara su sonido
con el que se escucha el viento?
No quedará más remedio
que no mirarle.

¿Quién llenará el vacío
del cántaro olvidado?
Un viejo amor del futuro
reverberando en el tiempo.

Brisa

Una mirada que busca,
una lámpara ósea que ilumina la noche
no sé si hay estrellas
o cántaros que se derraman
en el firmamento vacío
como lo que tirita
en la atmósfera poética.

Tan lejos el horizonte
mi vista lo alcanza
entre remotos gemidos
y brisas que me abrazan
como la vez primera
y la última
que te estreché entre mis brazos.

Allende la Luna
una mirada, se apaga.

lunes, 7 de julio de 2014

Un errante camina en medio de la noche: ya ni su sombra le sigue. Es que cuando se agotan las palabras, surge la desesperación por lo no dicho, o por lo que se exclamó y no bastó para armisticio. Sonaron aquella tarde tantas voces, que todos los veranos fueron obsoletos.

Caminaba en medio de la noche y su tabaco compañero acariciaba su carne enrarecida: la desesperación se colaba por su sangre y las lágrimas desgarraron su gaznate. Todo era posible en aquella hora pasada, mas, en la absurda discusión, quedaron desperdigadas todas las esperanzas. Porque cuando el llanto viene llano sobre las cuencas de los ojos, el hablar se torna tembloroso.

Las luces nunca fueron más sombrías; la gente pasando, parecían estatuas activadas por una moneda del destino. Y, por lo demás, ¿qué destino andaba sobre ellos? La desesperación obnubilaba su pensamiento. Un gran pesar se anclaba a sus zapatos. ¿Por qué aquellos en quienes uno más confía terminan siendo tus verdugos? Una pregunta, una bocanada de humo que se confundía con el vapor del hálito que regresaba a la atmósfera desde el microcosmos de su alma.

Nunca todo está perdido cuando la noche es aún una excusa.

martes, 1 de julio de 2014

XYZ

"Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios" Primo Levi.


¿Cuál es la posibilidad del bien? Es una pregunta que abarca la noche como su total inmensidad. Es posible que Dios no exista y que todo el fundamento ontológico del bien no sea más que una ilusión emotiva que nos vincula a la realización de la vida. La vida debe realizarse y en su realización confluye su sentido: no otro puede ser el significado del proyecto que somos, finalmente, cada uno de nosotros. Lo que es hoy, quizá mañana no lo sea (como decía Neruda: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"), y la búsqueda de la eterna vinculación con lo seguro, con la certeza de que las cosas de hoy serán mañana, es un adelanto de nuestro enfrentamiento con la muerte.

En la vida actual no hay certezas. Eso es algo que cada día respiro entre la naturalidad exasperante de los rostros fenoménicos que me rodean, que me circundan, que son mis "otros", que son mi infierno (L'enfer c'est les autres) No hay certezas. La certeza más absoluta se torna redundante cuando dudamos de lo más esencial: ni ello se me manifiesta con seguridad, ni lo que soy, ni lo que somos, ni lo que fui, ni lo que seremos. Anquilosado en la masa ardiente del delirio, está la existencia del mal: "Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios". ¿De dónde ese salto cuántico, desde qué lugar me lanzo hacia el vacío de la nada? Si la única certeza es lo que fue, entonces, lo que será, será verdadero, como se preguntaba Aristóteles sobre su batalla naval. El pasado es necesario. Lo que somos, no lo es tanto. Y el futuro, el futuro es incierto. Si Zubiri tiene razón y somos seres "futuristas", entonces somos esencialmente no esenciales. Nietzsche dijo "Dos mil años y ni un nuevo dios". Heidegger respondió: "Sólo un dios puede salvarnos".