domingo, 29 de septiembre de 2013
Pasión Cordillerana
se ven tus cumbres y tus árboles,
como pequeñas estrellas profundas.
Percibo la brisa que te acaricia
y me trae tus efluvios acuosos
de blanquísima nieve derramada.
Desde acá, puedo entender a la mujer que amo.
Continúo trepando por el valle hacia tu cumbre
y los vientos bajan y me arrullan
con una repetición ensimismada.
Cada vez más cerca, veo una casa:
niños juegan y corren entre risas.
Imagino las risas de tus habitantes internos
y se esboza en mi rostro su silueta.
El templo araucano surge como tronco
de un viejo y extraño presagio
de madera nueva y excelente,
atraviesa mi mirada en relumbrancia.
Mi corazón palpita y te alzas en lontananza.
Cordillera absoluta, esencial forma callada,
el soplido del viento que te canta
enfrentándose a tus rocas
y a tu polvo de muerto.
Desde acá te veo, "¡Oh, cordillera alta!
Me esperas, sobre las nubes"
Y el canto de los acordes le resoplan
tenues melodías a mis oídos necios.
A tus pies, vive una mujer callada
y en sus delicados labios
lleva un cigarrillo humeante.
Mi corazón palpita y mis pies tocan los tuyos.
Arribo y el movimiento se torna más pausado,
es que he llegado y mi corazón palpita.
Atravesé la nube tóxica, aureola de la ciudad
y respiro un aire que refresca mis sentidos:
camino lentamente a través de los pastizales
y los caballos beben de una vertiente en arrullo.
(Desde el espacio una flor cae
como un meteorito aromático
y se posa sobre tus senos desnudos
y te acaricia como mis manos temblorosas.
Lentamente te quito tu vestido de nube
y acaricio todas tus fronteras
como un loco que entra a un territorio mágico.
Ya es hora: tu alma se entremezcla con la mía
y cantan, cantan y no dejan de cantar
una melodía que se eleva hasta los cielos
con la alta cordillera de testigo.
Enjuago tus labios con la miel de mi deseo
y me individualizo como una estrella
alta, desde el cielo.)
Mis pasos se apuran al ritmo de mi respiración
y el corazón me cabalga en el pecho:
sé que la veré, y estará tan perfumada como un lirio.
Ocuparé todos sus espacios vacíos,
me inmolaré en sus brazos de hembra cáustica,
soplaré fuerte todos sus rincones
y gemirá como una leona herida.
Y, mientras viajamos por la órbita del deseo,
tú, cordillera, serás el centro de gravedad
del absoluto delirio de amor y violencia
que desataremos a tus pies:
crearemos la sensación del fuego
quemando noches blancas.
Será absoluto el término definitivo.
Así es la vida en medio de esos campos,
de uvas frescas y chocolate tan dulce,
como los ojos de la geografía chilena.
Esas tierras, hechas con el material de los delirios
en las cuales florece el césped más excelso.
Y reposaré junto a ella, mujer extenuante,
desnudos, como dos locos, expulsados recién del Paraíso.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Resabio de luz
Es de mañana y tú no estás.
La brisa cubre una playa vacía
Y las olas acarician la orilla
Trastabillando delicadamente.
Ya hemos estado aquí otras veces
Otras lejanas y desvencijadas épocas.
Y tu recuerdo arrulla mi ilusión
Cuando estoy más abandonado.
Hemos estado otras veces aquí
Proyectando nuestra mirada
Al infinito desconocido
Y tú ofrecías tu silencio planetario
Y yo mis dudas de ventisquero.
Es de mañana y la escarcha cae
Sin motivo alguno:
Es tan natural como el deceso
De un amor que se sumergió profundo:
¿Quién descubrirá sus vestigios
En estos versos fríos que le ofrezco
Que surgen como alimento de muerto?
Son los lirios aquellos expiran
Su aroma funerario,
Y recuerdan el aroma de dos cuerpos
Que desnudos exudaban el amor.
Y ese amor que una vez fue tan niño
Hoy tiene morfología de epitafio.
Sin embargo, sonrío a viva voz,
Porque lo que no muere se transforma,
Y genera un campo ubérrimo
De posibilidades amorosas.
Y si todas las galaxias conspiraron
Para dar paso a la existencia,
¿Por qué no hallaré yo consuelo
En estos versos de pétalos de rosa?
El sol surge desde su trono luminoso
Y alumbra a todas las existencias
(Como un poder que da vida
A todo un pueblo):
No deja vida sin ser tocada.
Ni un solo golpe de una fuerza misteriosa
Colmará mi alma de frustradas vías,
De solsticios que no traigan el milagro,
De aparatos que no produzcan vida:
Viviré en todas mis facetas,
Me ceñire a mi cuerpo con una fuerza
Tan vital como la del fuego al cerillo.
Adquiriré mi luz como nieve derretida
Que se realza por sobre todas las cabezas.
Y, de este modo, cantaré
Los versos rotos de nuestro amor muerto
Volverá a tener vida en mis palabras,
Se borrará su huella en los conceptos.
¿Qué más esperare?
Que el tiempo sepulte todos sus monumentos.
Y se abrirán los grandes días de luz...
viernes, 27 de septiembre de 2013
Ellos son
el que hace el amor en bosques etéreos,
el que buscó y encontró todas las señales
que lo condujeron a lumbreras revoltosas.
¿Quién soy? Una linterna alumbrando
hacia una oscuridad como boca de lobo.
¿Dónde voy? Hacia todas las trincheras
a campos donde el brío del viento aún canta.
Yo soy el que halló un rubí en medio del desierto
y mis manos contuvieron sus lágrimas callosas
como espíritus frotándose
contra una tumba azul grisácea.
¿Cómo iré entre todas las banderas del ocaso
aguardando que aparezca una quimera?
¿Podrá acaso el viento
soplar mis velas cansadas?
Tú eres, como el cántaro hecho a medias
y que debo con cuidado terminar.
Con mis labios doy el garbo de tu andar
tu delicada silueta, estallando en resaltar.
¿Qué belleza más oscura guardas tú,
que mis noches me las paso siempre en vela
descifrando tus secretos
en tu ofrenda de ósculo sibilino?
Y, ¿qué más da? Tú eres.
Viniste a cultivar un mar de estrellas
y mi corazón no pudo contener soberana luz:
Iluminaste mi vida, te transformaste en una de ellas.
¿Por qué te desmaterializas por las noches
que ahora no puedo ni besarte y te vas?
¿Es que acaso ya mis besos
no te alcanzan?
Él es: apareció como la brisa matutina
que nadie observa aparecer.
Él vino y se llevó el brillo
de las lámparas del cielo.
Y, ¿qué es él?
Una quimérica figura transvasijada
de lo que antiguamente
activé en tu corazón.
Él es, no lo puedo ver, pero lo es.
Campos de trigo se inclinan muertos
hacia Febo.
Ya no viven, ya no vive su fuente de energía.
¿Él es y tú eres?
¿O soy yo y mi soledad?
Porque cada mirada que te lanzo
se estrella con un muro de desesperanza.
Nosotros somos, como un cauce seco
cuyos campos recuerdan
procesos de otros tiempos,
vitalidades de épocas pasadas.
¿Ya no somos el río que éramos?
¿Por qué ya no saltan las truchas
como corazones saltaban
en nuestros juveniles pechos?
No lo sé, mas, ya no somos.
La ruta que tomamos se acabó.
Es quizá que nunca fuimos dirección
hacia un eterno porvenir.
¿Somos? Sí, pero en otros sistemas,
pues ya no cuidare la rosa
de todos
tus planetas.
Y, como temí en todas las vesánicas noches
de oscuras y delirantes pesadillas,
la figura de la realidad
ha llegado a mis pupilas.
¿Por qué no fuimos y por qué ahora eres
en otros brazos,
en delicados besos
que te otorgan protección?
Ya no somos, pero yo sigo siendo
y tú sigues ahora
con la única y más triste diferencia
que desde acá
en la oscura playa que comencé a habitar
te proyecto hacia el horizonte
y surge la verdad:
Ya no somos, ellos son.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Estallido
Tú llevas tus porros
y yo mis canciones.
¡Ven, Dejemos volar
nuestras ilusiones!
Que no se muere
lo que se orea.
¡Acércate un poco más!
Yo te cubriré
con un manto de humo,
haré círculos sobre ti
y te enviaré
de vuelta al Cielo
donde perteneces.
¡Ven y olvídemonos
del tiempo y del espacio!
Disfrutemos, hagámoslo
en medio de la floresta
y fecundaré tu corola
Volando y volando
como una abeja.
¡Ven y vuelve a sonreír!
Que los días pasan soleados
en tu deliciosa boca.
¡Ven y vuelve a estallar en llanto!
Cuando mis labios toquen
tu espléndido recodo,
y verás la luz.
martes, 24 de septiembre de 2013
Humankind
Vivimos sorprendidos desde tiempos inmemoriales,
Pero en un territorio del Asia Menor, unos hombres decidieron que no debiese seguir siendo así:
Desde entonces, no observamos las estrellas ni la coordillera nevada, sino para hacernos de su fulgor o de sus cimas.
Olvidamos que además de proyectar, se puede estar.
Por eso nos atrajeron toda clase de artilugios,
Cuando nos dimos cuenta que de nada servía la Enciclopedia, ni los niveles hipostasiados a los que la hemos llevado (acaso Voltaire no vomitaría sobre el teclado de un computador),
Comprendimos que era necesario respirar, tanto así, que incluso hoy hay quenes se suicidan en Alaska.
Fuimos lejos, pero olvidamos desde dónde veníamos;
Corrimos todas las cortinas y no vimos más que otros escenarios encortinados,
Le cantamos a todos los dioses, y quisimos creer que solo había uno; sin embargo, jamás nos dimos cuenta que Dios éramos nosotros mismos proyectados hacia el infinito en perspectiva espiritual.
Creamos toda clase de naves, mas siempre se nos acababa el combustible;
Manejamos la naturaleza hasta el punto de sentirnos ajenos en nuestras ciudades, como animales salvajes dentro de jaulas conceptuales.
Y, a pesar de todo, seguimos siendo los mismos pitecántropos de siempre.
Enséñame todas las cosas que ignoro de ti, pues de mi ignoro más de lo que puedo soportar y de este universo, me siento simple partícula en la incertidumbre.
¿Entonces? Vino la guerra a todas horas y los niños cantaban esperanzas absurdas, en las aulas que eran espacios interdimensionales entre el ser y el deber ser.
Cogimos todos los caminos y no estábamos sino en un río heraclíteo de amarguras, gestadas por la intolerancia que nos producía la Verdad. Nadie supo preguntar mejor que Sócrates, nadie actuar mejor que Cristo y nadie fue capaz de transformar la naturaleza en algo tan perverso como la raza humana.
Y todas las criaturas cantan: ¡Es el hombre! ¡Huid del que carece de pezuñas!
lunes, 23 de septiembre de 2013
Estos versos
yo te escribo estos versos,
para acallar lo que siento,
para quemar el olvido.
Para hacer aspavientos
de mis sentimientos
y ser como una roca
empujada por las olas.
Desde esta tarde cálida,
yo te escribo estos versos,
y es porque el sol me molesta,
por lo que me he desnudado,
pero el Sol ha cambiado
y ya no es el de tu cuerpo
cuyo calor tan inmenso
se ha vaciado en el tiempo.
Eres ola callada de versos recientes,
como un cántaro a medio terminar.
Oyes, miras, ves,
pero ya no son mis cantos,
ni mi mirada,
ni el horizonte hacia el cual
juntos, nos dirigíamos.
Hoy tu sonrisa se refleja
en ojos que no son los míos,
pero que brillan con intensidad
ante tu excelsa belleza.
Desde mi desolada cabaña
te saludo al viento.
Desde esta tarde cálida,
yo te escribo estos versos,
porque fuiste y no fuiste,
porque estás y no estuviste,
porque cambiaste tu esencia,
porque fuiste tan mía,
que ni los cantos te cantarían,
que ni los ríos serían tu mar.
Desde esta tarde cálida,
yo te imploro estos versos,
porque te extraño.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Sabes a olvido
como las gotas de invierno
que se han ido.
Sabes a olvido
como mi corazón
tan dolido.
Marchaste con tu vuelo
y se hizo largo,
tan largo
que me trajo tu olvido.
Ya no estás más
en tu recodo favorito
de mi corazón
que dejaste, vacío.
Sabes a olvido,
y también sabes a frío.
Pero el frío ya se va
y se acerca el estío.
Sabes a olvido,
pero más sabes a vacío.
Obligaste a mi alma
a olvidarte,
como obligan los inviernos
a abrigarte
de su frío constante.
Y ya no veo más tu cuerpo claro
ni tus gemidos junto a mi almohada,
pues ya te has ido.
Sabes a olvido,
a bosque desierto, baldío.
Sabes a olvido hipostasiado,
a lamento ontológico
a frío.
Sabes a olvido.
martes, 17 de septiembre de 2013
Estrella Vital
domingo, 15 de septiembre de 2013
A Víctor
y sus acordes y poemas agonizaban
en una muerte lenta, pero esperanzada.
Si el hombre es un ser elpídico,
entonces abrirá las grandes alamedas,
por los que atravesará,
como una flecha entre el infeliz y el Dios,
el hombre libre de todas las épocas.
Tu canto libre fue poema victorioso
en medio de la adversidad del plomo furioso
de los fratricidas de todos los tiempos,
pues toda guerra contra la vida
es contra los hombres
y los hombres somos todos hermanos.
Tu canto tuvo sentido
cuando palpitó en todas las venas de tu pueblo.
Es posible que algún día en la lejanía del tiempo,
las mujeres y hombres de este angosto territorio,
tengan que abrazarse como en los brazos del Paraíso:
hasta ahora, todos enemigos, comulgarán como hermanos
en un eterno fuego tibio
que cuide de todos y de cada uno.
Si, como cantó Unamuno, somos todos de consuno,
seremos más que todas las odiosas piras.
Y, entonces, podremos decir:
¡Qué dulce Patria!...
lunes, 9 de septiembre de 2013
Las Fotografías
son realidades perfectas de siluetas efímeras,
como un cántaro terminado por un solo costado,
que se muestra, sin embargo, completado.
Las fotografías son imágenes que cuentan y a la vez callan:
cuentan de sonrisas y de miradas que mienten;
callan lo que sienten los corazones desvencijados.
Son como el rocío que cae sin fecundar.
¿Cómo olvidar las fotografías antiguas que guardo en mi alma,
cuando era un mancebo de tímida mirada,
de corazón fuerte y razones insuficientes?
Recordar esas imágenes es recordarte a ti:
mujer de todos mis amores.
Las fotografían muestran lo que callan las palabras
y se acomodan a la situación más incómoda:
son como recursos literarios griegos
que salvan al héroe antes de que el Destino lo venza.
Las fotografías todo lo muestran con el cariz de la belleza,
mas, callan justamente lo que importa, lo que queda,
ese brillo en los ojos que veo en la mujer que amo
cada mañana cuando sonríe, cuando busco su mirada.
Las fotografías son como el polvo de estrellas,
caen desde lo alto, sin tocar jamás tierra
y, entonces, se vuelven quiméricas representaciones
de pasados ya remotos, de lugares olvidados.
Por esa razón, Amor Mío, conservo tus fotografías incólumes,
pues me hacen recordar que alguna vez fuimos infinitos,
como son los amantes atrapados en el tiempo,
remotos, como amantes atrapados en el tiempo
y que olvidan que olvidando se transforman en retratos.
¡Ven esta noche a través de nuestra fotografía!
y muéstrame que son posibles todas las quimeras.
No fue mía
Los días avanzaban como las mareas. El viento agradable de septiembre fue lentamente transformándose en un calor que no soportaba. En las noches tibias me gustaba sentarme en el ante-jardín y tocar la guitarra. Le canté tantas veces que me olvidé hasta de mí mismo. Una de esas noches, vi atravesar una luz por el cielo: era una estrella fugaz, o quizá un satélite. Le pedí un deseo: "Quiero volver a verla, aunque sea un minuto".
Faltaban semanas para Navidad, cuando la vi. Atravesé la calle para acercarme a ella, pero noté que estaba acompañada. Un hombre, unos diez años mayor que yo, se le acercó y ella se refugió en su hombro. Supe inmediatamente que ya no me pertenecía -y, quizás, que nunca me perteneció. Entonces, seguí mi camino y me perdí en la abigarrada muchedumbre.
Algunas noches, cuando pienso en ella, me doy cuenta que jamás fue mía. Sin embargo, también comprendo otra cosa: que ella habitaba más mi corazón que su propio cuerpo. Entonces, de algún modo, era mía. Y, al pasar de los años, se transformó en una princesa que vive en una casa nevada dentro de un juguete desvencijado.