y una nube blanca viaja como una espuma
por un mar inmenso y lleno de vida.
Tus colores aparecen y yo te miro a lo lejos.
Estás ahí, y estás tan linda
que mis ojos se enternecen por tu fragilidad.
Tus cabellos oscuros te presentan,
te complementan como la luz a las estrellas.
Luego de una escueta vuelta, observo tus ojos:
son de granos de café y me dejan más despierto,
pues tu dulzura es solo comparable con la de tus labios.
Apareces tan hermosa y de tantos modos diferentes
como el sonido abigarrado de una obra,
como el arcoiris multicolor.
Estás ahí y puedo verte, y también puedo tocarte,
pues eres más real que lo anticuado que se fue.
Aunque me refugie en mi nostalgia campeadora,
estás ahí, como una palabra, misteriosa, como una flor.
Eres una primavera más dulce, pues no me haces estornudar
(solo me haces un gesto con tu mano apretando mi espalda)
Eres sutil pétalo, cuyos efluvios siento en mis labios al besar.
Eres del material húmedo y etéreo de las nubes
inigualable y desconcertante en la finura de tus labios.
Eres una estrella que ilumina al andar.
Tanta simpleza veo en ti, que mis ojos no se acostumbran a tu brillo.
Eres multicolor, como el amanecer en verano,
como la lluvia sempiterna de Chiloé.
Y, como no sabes el color verde de esos lados,
yo te los pintaré con palabras, se los presentaré
a tus ojos color madera, tan fina como una miel
que se derrama sobre todas las cosas:
Mi vida había perdido el brillo, y viniste tú, estrella vital.
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