viernes, 29 de noviembre de 2013

Adagio

Las amapolas soltaron su metafísico néctar
y soplaron los vientos en tu rostro espectral
los campos ya no son verdes como antes
hoy la música de tu alma se ha apagado.
¿Dónde encontrar el brillo de tus ojos?
Si me pierdo en cada esquina buscando tu eco.
Dondequiera que voy resuena tu nombre
y el cielo de tu rostro es reflejo.

Si quisieses beber de mis vasijas
te ofrecería también mis panes:
cuán grande sería la cena.
Comunión absoluta, dulce de pie degustado
me pierdo en tus ojos, respiro tu aroma endiosado.

Yo estoy aquí, sin ti. Tú estás allá,
y mi ausencia no es innecesaria.

He sido

He estado entre las rosas y entre los árboles;
he danzado con los recuerdos matutinos
y su rocío pasajero que humedece el alma.
He estado entre las montañas y los ríos
que bajan serpenteando la geografía de mi tierra.
Yo he dibujado en la arena su nombre y el mío
y después he recorrido la playa solitaria, sin ella.

He mirado tantos rostros cansados
y algunos han impreso su huella mustia en mi alma.
He visto llantos de niño tan clamorosos
que provocan un dolor insoportable.
He visto la sonrisa de la mujer que amo
y también la he visto irse, sin atreverme a decir lo que siento.
He visto , he estado, he mirado, he llorado entre tanto.

Yo veré tu sombra alargada y tu rostro alargado
y no cobijaré más esperanzas
que las de ver una lluvia de estrellas
como lágrimas cósmicas cayendo por mis mejillas:
cuando desaparezcas te extrañará mi alma,
pero más clamará por tu voz mi recuerdo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Esperanza

No puedo esperar a que vuelva
el viento que quiso marchitarse,
como la rosa que envío a tus manos
esperando que de mi amor te des cuenta.
Por todos los círculos viajas,
como una cíclica brisa
que se deshilvana en suaves virajes
y su tierno girar mi sonrisa provoca.

Tímida Luna, vestida de lino amarillo
¡Ven y abrázame, belleza nocturna!
Trae tu luz relumbrante
y tus besos silueta de lirios.

Cortaré una ramita y la haré tu sustento,
pues no quiero que caigas herida
como un alma después del amor:
pequeña ramita, tu tienes mi corazón.
Y estos versos los canto al mirarte,
y cuando no te miro, te los canto,
en el llanto de tanto esperarte,
en la noche de ansias, de mucho desearte.

Duerme, sueña la noche absoluta,
cuando estés en mis brazos serás infinita.
Tranquila, ya vendrá el tiempo ansiado
y la vida de grandes sonrisas.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Tú y Yo (y el Tiempo)

Una noche tranquila y pusilánime se erguía en monumento oscuro de ideales hechos trizas. Nosotros estábamos ahí, pero no estábamos en ningún sitio: la modorra de la existencia y el aguijón del nihilismo nos había convertido en seres hipercriticistas que no encontraban sino la mácula en los ojos que nos objetivaban. Trabajamos por tantos ideales, pero no percibíamos -o no nos apercibíamos- como viviendo en los tiempos dentro del mausoleo del sentido. Estábamos vivos, pero estábamos tan muertos.

Éramos como cadáveres que se desmaterializaban tras el paso del tiempo. No encontramos más sentido que mirarnos como extraños, de reojo, como suponiendo la traición en cada acción del otro. Cuando bebíamos, terminábamos en sendas discusiones, cuyas temáticas eran tan infertiles como el hecho de continuar juntos, y entonces te ibas sin perdonarme más; entonces te ibas sin perdonarte más. Brillamos con la majestuosidad del Sol, nos ahogamos como la Luna sobre el horizonte en el mar.

Detuve un taxi y subimos: las cervezas habían amenizado un poco nuestra eterna discusión. Ibas con tu cabeza recostada sobre mi hombro, entonces yo decidí acariciarte. A veces pensé que podíamos estar juntos para siempre, pero nunca me di cuenta que lo nuestro era la esperanza de vida de un cáncer terminal. Encendiste un cigarrillo cuando el vehículo dobló en la calle P... con P..., entonces, te ofrecí fuego: "Gracias, qué caballero", dijiste con el tono típico que usabas cuando estabas siendo irónica. Miré hacia afuera con desazón en el rostro y vi una pareja que reía mientras caminaba de la mano: "¿Te acuerdas cuando éramos así"?, le pregunté con una sonrisa que connotaba un inevitable desdén por el presente. No hubo respuesta, sólo abrió su cartera y sacó su labial. El taxi se perdió entre las sinuosas calles de la ciudad nocturna.

A la mañana siguiente, desperté y ya no estaba: se había ido temprano, sin que yo la escuchara. Se llevó todo lo que alguna vez había amado. Se llevó todos los motivos que me hacían recordar la mejor época de mi vida, se llevó los pétalos del retrato que pinté con mis palabras. Nunca más la vi. A veces, todavía me parece como si no hubiera sido, como si en verdad no existiese nuestra decadencia en el tiempo. Hay tardes en que me siento a echar un poco de humo y la veo en la pesadez de mi mirada sobre los objetos. Hay noches en que siento el sonido de su alma; existen esos silencios que son como los gritos más fuertes y su nombre se estrella contra todas las murallas. La perdí, nos perdimos y hoy seguimos siendo, pero siendo como el retrato desvencijado sobre un mueble viejo.

Tú y Yo

Estamos tan vivos,
pero parecemos peces muertos
flotando a la deriva
en un mar aciago.

Te miro y me miras
mas la magia dura solo unos segundos,
como la explosión inmensa
con la que se generó el mundo.

Siempre he amado lo imposible,
como tus ojos imposibles,
como tu sonrisa imposible,
y te juro que este amor será invencible.

Tú luchas desde tu esencia de mujer,
yo hago la guerra con las palabras.

martes, 12 de noviembre de 2013

Trava

Esa mujer me observa
Me guiña el ojo, me llama.
Sus labios rojos me cautivan
La delicadeza de sus gestos,
La belleza de sus ojos delineados.

Esa mujer me sonríe
Y me lanza un beso con su mano,
Curva los labios y me excita.
Esa mujer me llama y me invita
A que seamos uno sin ser nos-otros.

Esa mujer despierta mi testosterona
Por largo tiempo dormida.
Esa mujer me hace dudar
Donde termino yo y comienza ella.
Esa mujer soy yo maquillado como estrella.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Grito de Silencio

"El silencio es el grito más fuerte"
Schopenahuer


Calla, mujer calla, y esconde tu rostro entre tus manos,
los días preclaros del Universo se han hecho silenciosos.
Mañana tu canto será fuerte, pero hoy calla,
mujer de trenzas sinuosas y de claveles relumbrantes.
Por cada hora un grito espeluznante
de tu infame desgracia, mujer, por tu infame desgracia.
Siendo la más grande creación del Creador
sufres día a día los embates del silencio.

Cada mañana, cantabas mujer esa melodía de gozo
entre tus quehaceres, en la oficina o en el tranvía
y no podía sino oír tu voz tan tibia
y observar tus ojos verdes que todo lo hermoseaban.
Cada tarde, te veía regresar con la compra del supermercado
y tus labios expulsaban el humo grisáceo de un Lucky Strike.
Entonces éramos felices y sonreías al verme,
pero el tiempo es como un río y todo cambió de pronto.

Gritan los pequeños pétalos de Centroamérica
entre balas de odio y represión, gritas mujer entre la guerra desatada.
Y cada minuto, cada segundo, se apaga tu voz de cántaro remoto
y retornan los suspiros a las Manos orbitales.
Entonces, yo me quedo como un desesperado
con las manos alambradas con el dolor de la injusticia.
Te mueres, te violan, te golpean, te escupen, te apedrean
y tranquilamente sigue el hombre con todos sus trabajos.

Quiero verte mujer, quiero observarte desde mi lecho de muerte
como el triunfo más grande de la época posmoderna
con tu sonrisa de mariposa recién parida
con tus labios rojos como el ocaso absoluto.
Cada mañana de mi delirio, verte recoger las rosas
y depositarlas en el antiguo velador, contiguo,
donde guardo las cartas que escribiste para mí en otros tiempos:
Que tu vida sea libre, como libres fueron tus palabras.

(Entre todas las proezas dionisíacas, eras coro,
fuiste símbolo de la fecundidad, de la vida y de lo bello.
Adornaste los templos de todas las creencias,
te disfrazaste del espíritu de todas las épocas y, sin embargo,
yaces sobre el suelo desangrándote,
sin motivo, como el Universo, llena de vida, como el Universo.
Aunque llame de vuelta todas tus gaviotas, no vendrán,
mientras no rías y cantes por los bosques, no vendrán.)

Hada del bosque, desnudez de aguas diáfanas de ríos renovados,
tu piel es una nube tibia como el chocolate
y tus labios son la geografía que recorro
en el amor infinito que mereces y no tienes.
En este mundo miserable, el machismo galopante
sin cesar, te golpea sin cesar,
no te deja ser inmensa como lo eres,
playa de las desolaciones. 

¡Hazte libre, Mujer!, vive tus sueños e ideales,
líbrate de las cadenas de este mundo, de todas las multitudes.
Escapa de la tolvanera y de la hombría
de quienes te azotan, te apedrean, te menosprecian, te difaman
y únete a este canto universal
a este femenino suspiro absoluto y definitivo.
Porque Dios creo el mundo en siete días,
yo te amo y te respeto, mujer, toda la semana.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Noche

La noche llega con su relato desnudo
y yo aquí, esperando un zumbido
y lo que resuena es el resuello de la noche
que ha llegado desnuda y ha sido violada.

Y las veces que la he visto danzar desaforada,
como una loca cortesana en sus trapos menores
en un círculo, los soldados que miran extasiados
por el licor y con sus cigarrillos.

¿Dónde vas, serpiente paradisíaca
con esas afilados colmillos
llenos de la ponzoñosa esencia
de tus líquidos vaginales?

Me desapego de ti, noche maldita
y esperaré a que pases
sentado en un bar de mala muerte
lleno de borrachos babosos y nauseabundos.


Paseo Exiguo

La puerta suena fuertemente tras su cierre
y yo, subiendo el cierre de mi chaqueta
enciendo un cigarrillo cuyo destino será hacerse humo.
"No tengo nada que perder", pienso
y me abalanzo a la calle, decidido.
Es que ya no me valen las penas carcomidas
ni las venas vacías de tristeza
debo ser, ante todo, un espectro viviente.

La soledad del andén me hacen pensar en la muerte:
¿Dónde estás, ¡Oh Dama!, en esta noche baldía?
De pronto, una hermosa muchacha aparece en escena.
La contemplo: su belleza me deslumbra,
pero siempre me deslumbra la belleza de cualquiera.
Entonces me pregunto, ¿y yo, cuándo?
El tren se ha detenido y me incorporo de mis pensamientos
con una extraña sensación de vacuidad.

Al salir de la estación, me espera una lluvia lávica
con esa sensación a llovizna aceitosa, citadina.
El smog de la ciudad se disipa por un tiempo
como los ríos crecen, por un tiempo.
La imbecilidad de la gente, empero, continúa:
Un muchacho camina enloquecido
con los ojos inyectados en sangre.
Un vehículo pasa sobre un charco y nos moja.

Voy caminando por una ancha avenida,
vamos, todos, por ancho camino,
entre tiendas del retail y recovecos sucios
por la última de las huelgas populares.
Una muchacha llora abrazada a un muchacho:
¿Qué habrá pasado? ¿Acaso el amor
el corazón le ha desilusionado?
Con desdén, me alejo de la escena.

¿Qué es lo que ha pasado? ¿Dónde se han escondido
los viejos laberintos del sentido?
¿Dónde hallaré almas emborrachadas como la mía
de un mundo que ofrece de todo y no llena?
Observo la Luna y su láctea fisonomía
y no te encuentro, no, no estás por ningún lado
esperando en un rincón desnuda para besarte
no estás más para el Amor reclamarte...

La turba continúa su rutina insubstancial
y yo continúo llenándome los pulmones de humo.
La lluvia ha cesado, pero ha dejado un ambiente desolado
¿Dónde estarán las brasas del fuego perdido?
Avanzo, entumecido. Y me pregunto tantas cosas
que no tienen una estúpida respuesta.
Es entonces cuando entiendo
que el tiempo ha roto su límite
y ahora avanza hacia ningún lado.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Amor Desaforado

Estoy en el sitio donde tus pasos cantaron
las melodías perdidas, del ayer.
Conozco estas letras que derramaron
tantos y tan variados besos y miel.
A veces, durante las noches, retorno.
Y tus ojos se encienden y me miran
y no me canso de beber de esa miel
que goteaba de noche y de día.

Hoy los días pasan lento, como un vuelo de gaviota.
Te he buscado en todos los puertos
y solo he encontrado el sueño de vasos escarlata
que me transporta a las épocas cuando éramos tanto.
Eras la callada sombra que penetraba absoluta,
la delicada silueta, mi sentimiento inmediato,
una intuición más remota que el mar y su eterno gemido
o los cielos cerrados aguardando el ocaso.

Te veía ahí sentada, como una joven muchacha
cabello claro, ojos tibios como el aguamarina
con la sonrisa enorme como una galaxia
y mis ojos flotaban por ella, como si fuesen planetas.
Dos veces pronunciaste mi nombre:
Me sentía tan feliz de que yo te importara
que corté girasoles y los puse en tu campo
para que el sol de tu rostro los iluminara.

Te amaba tanto que no aguardaba un segundo
para volver a besarte, para encallar en tu encanto,
para flotar por el aire como una insensata pelusa,
acariciar tu cuerpo y en su tibieza hallar el descanso.
Hacíamos el amor como sopla el viento:
vibrábamos y sonaban todos los acordes
de un amor infinito, ¿te acuerdas?
Cuando de mañana yo te habitaba, ¿te acuerdas?

Ahora intento olvidarte, desaforar este sentimiento.
Porque no encontré mejor razón que mentirme
cuando dijiste que tu amor no era el de antes.
No quisiste mentir, pero evitaste salvarme
y yo me quedé en los sueños,
me ahogué con la ponzoña confusa,
y me pregunté entre sollozos:
¿Por qué no te grité más poemas?
Quizá, de ese modo, al menos,
 no me quedaría este amor moribundo en el alma.

Perdí, es cierto, pero hay que aprender a morir
después de todo, en algún momento,
cuando florecían nuestros verdes jardines,
floté como por un universo
en el amor que me hiciste sentir.