viernes, 29 de noviembre de 2013

Adagio

Las amapolas soltaron su metafísico néctar
y soplaron los vientos en tu rostro espectral
los campos ya no son verdes como antes
hoy la música de tu alma se ha apagado.
¿Dónde encontrar el brillo de tus ojos?
Si me pierdo en cada esquina buscando tu eco.
Dondequiera que voy resuena tu nombre
y el cielo de tu rostro es reflejo.

Si quisieses beber de mis vasijas
te ofrecería también mis panes:
cuán grande sería la cena.
Comunión absoluta, dulce de pie degustado
me pierdo en tus ojos, respiro tu aroma endiosado.

Yo estoy aquí, sin ti. Tú estás allá,
y mi ausencia no es innecesaria.

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