jueves, 7 de noviembre de 2013

Amor Desaforado

Estoy en el sitio donde tus pasos cantaron
las melodías perdidas, del ayer.
Conozco estas letras que derramaron
tantos y tan variados besos y miel.
A veces, durante las noches, retorno.
Y tus ojos se encienden y me miran
y no me canso de beber de esa miel
que goteaba de noche y de día.

Hoy los días pasan lento, como un vuelo de gaviota.
Te he buscado en todos los puertos
y solo he encontrado el sueño de vasos escarlata
que me transporta a las épocas cuando éramos tanto.
Eras la callada sombra que penetraba absoluta,
la delicada silueta, mi sentimiento inmediato,
una intuición más remota que el mar y su eterno gemido
o los cielos cerrados aguardando el ocaso.

Te veía ahí sentada, como una joven muchacha
cabello claro, ojos tibios como el aguamarina
con la sonrisa enorme como una galaxia
y mis ojos flotaban por ella, como si fuesen planetas.
Dos veces pronunciaste mi nombre:
Me sentía tan feliz de que yo te importara
que corté girasoles y los puse en tu campo
para que el sol de tu rostro los iluminara.

Te amaba tanto que no aguardaba un segundo
para volver a besarte, para encallar en tu encanto,
para flotar por el aire como una insensata pelusa,
acariciar tu cuerpo y en su tibieza hallar el descanso.
Hacíamos el amor como sopla el viento:
vibrábamos y sonaban todos los acordes
de un amor infinito, ¿te acuerdas?
Cuando de mañana yo te habitaba, ¿te acuerdas?

Ahora intento olvidarte, desaforar este sentimiento.
Porque no encontré mejor razón que mentirme
cuando dijiste que tu amor no era el de antes.
No quisiste mentir, pero evitaste salvarme
y yo me quedé en los sueños,
me ahogué con la ponzoña confusa,
y me pregunté entre sollozos:
¿Por qué no te grité más poemas?
Quizá, de ese modo, al menos,
 no me quedaría este amor moribundo en el alma.

Perdí, es cierto, pero hay que aprender a morir
después de todo, en algún momento,
cuando florecían nuestros verdes jardines,
floté como por un universo
en el amor que me hiciste sentir.




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