en medio del gentío,
que creí ver un ángel
en medio de la calle.
Comencé a soñar, como siempre
y te inventé tantos nombres,
pues desconocía el tuyo.
Te llamé en el silencio...
Te miré y vi tus labios
y te rogué una mirada:
¡Déjame intelectualizar
con el brillo de tus ojos!"
Me volteé para verte,
pero ya no estabas.
Me quedó tu perfume
de hierbas silvestres.
Si te veo de nuevo,
en alguna ocasión,
te preguntaré el nombre
y te haré una canción.
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