lunes, 21 de octubre de 2013

Yo te invitaría

Yo te invitaría a mi vida, ¿sabes?,
pero temo que te desencantes.
No quiero ni pretendo que te transformes
en una flor renacida por la primavera,
que flota por la vertiente que acompaña la vereda.
Yo no quiero que desaparezcas
como una gota cayendo sobre la acera.

Te invitaría a tantas partes, a ver tantos puertos,
te transportaría al cielo con las palabras,
besaría tus labios delgados y les rendiría tributo
con las hojas delicadas de las rosas
y su aromático sudor relumbrante.
Perteneceríamos a este sitio y a tantas partes,
como un astro que viaja por el universo.

Yo te llevaría sobre mis labios
y tu cuerpo flotaría sobre la atmósfera
de planetas desolados.
Y tu sombra se proyectaría desde otras perspectivas,
provocada por nuevos soles, por nuevos astros.
Y tus mejillas enrojecerían de calor
ante la mirada cándida que reverberaría en ellas.

Yo te invitaría a mi vida, ¿sabes?,
pero temo que no sea de tu agrado
y te sorprenda algún día secándote como las flores otoñales,
que todo sea un constante viento desvanecido
que caiga sobre cuerpos exánimes.
Temo ser menos o ser más,
porque lo excelso enceguece a quien no lo espera.

Yo te invitaría a que vivamos juntos,
a que muramos juntos,
te invitaría a contemplar el cielo despejado
y las estrellas nocturnas titilando.
Te invitaría a ser más en lo menos,
y a brillar como una estrella supernova
a desaparecer una y mil veces,
y llorar cada noche de locura
por un amor que nunca imaginaste tan enorme.

Ve hacia ti que yo te seguiré para traerte a estos remansos.

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