viernes, 4 de octubre de 2013

Agua

Agua misteriosa que brotas desde manantiales remotos
huyes como el viento a través de los maderos vetustos
como si fueras una tolvanera desértica implacable
y refrescas mi boca con tu líquido sublime.

Te fundes en un marfil vesánico, cubierta de flores sibilinas.
No te alcanzan ni mis manos ni mis ojos
y te escondes de todas sus cálidas miradas,
pues sabes que en mis brazos te evaporas.

Agua cristalina fluye desde tu ser encarnizado
y rebrota por todas las vertientes, por los poros,
por aquellas cimas que mis labios escalaron
llevando en su mochila el elixir de tus gemidos.

Es quizá una constante cósmica, como órbita de astro,
que mis labios recorran por completo tu indómita geografía.
Desde donde surgen tus surcos
hasta la calidez profunda de tus mares.

Playa solitaria, revés que llevo tan contento,
como un vesánico poder que fluye desde un cráter,
desde sus simas en llamas desatadas.
Poder absoluto que esgrime mi ser por la galaxia.

Ya es tarde. Quizá ya es hora. ¿Quién lo sabe?
Solo el eco rotundo de tus gemidos nocturnos
que se esconden tras las sábanas que cobijaron
en épocas pasadas, a nuestros cuerpos plenos.
¿Quizá ya es hora? La muerte avanza en su
enjambre, vestida con su capa espuria
y no sabe sino cantar las melódicas rimas indemnes
de atardeceres enojados con el tiempo.

¿Por qué apareces de noche tan desnuda como la Luna?
Avanzo por ella, la ponzoñosa, como beodo pendenciero;
¿Dónde estás? Ya casi es hora, las luciérnagas sumergidas
descansan en sus lechos de cráter submarino.
Y ya no te esperan como antes, los besos en la tarde acaecidos.
Sólo buscan un templo inmoral en quien perderse,
una atmósfera en la cual poner su savia apasionada.
Es que me observo desde el fondo y tengo miedo.

Dame la luz del Sol, ponla cerca mío como sacrificio relumbrante,
pues quizá de esa manera vuelvas a mis brazos,
con todos los brillos reverberando en mis tejados
como aquellas casuchas que anidaron nuestros días de verano.

Brota, fluye y danza, Estigia pletórica de bienes,
resplandor del más diáfano de los premios montañosos,
avanza con tu desnudez enorme avasallando
todos los pueblos que mi amor dejó en las faldas de tus cerros.

Y, quizá de este modo, y sólo de este modo,
te encuentre algún día nadando libre entre esos mares
que quisieron ser el destino de mis sentimientos
para jamás perderte en la melodía cósmica que formaron los planetas.





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