sábado, 28 de marzo de 2015

La triste y borracha velada de un poeta

Una vez existió un hombre que nada tenía
ni siquiera un nombre.
Cuando preguntaban
¿A qué te dedicas?
"A la poesía", contestaba.
Su ser caminó por ámbitos
que no sabía
y su prosa fue celebérrima
como la aurora.

Aquel día, los ríos se llenaron
de barro, de porquerías.
Nadie lo cruzó entonces,
no hubo quien pudiese
siquiera encausar su corriente
y aquel triste poeta
sumergió su cabeza
a ver si de pronto
hallaba vida.

Y como si de un volantín
se tratase,
voló por aquellas aguas
tan furibundas
y cuando sacó su cabeza
de aquel idilio
ya no veía
el barro que contenía
lo enceguecía.

Dios es fuerte y enorme
cuando las almas de los hombres
se hallan en el abismo
de la tristeza.

Sobre tu cama

Existe un viento que deshoja las plantas
respiro un aire, que destruye mis pulmones,
esta una grieta que exuda la sangre
a través de cavernas subterráneas
y de cráteres vacuos.
Yo soy el que aparece primero
todas las mañanas, en tu presencia.
Si la vida se oculta, si la vida se gasta
es porque me he encargado
de consumirla.
Todos los planetas que rondan mi espacio
de atracciones mutantes
de las quimeras
de los rincones vacíos
donde te escondes.

Hoy no te vi de noche con la luna,
hoy te saludé al viento
con sus resacas
y no enfoqué mis ojos
sobre los tuyos,
porque la noche está fría
como tu alma.

Mis ojos relampaguean
y se destruyen
ya no quedan más pétalos
sobre tu cama.