jueves, 24 de octubre de 2013

Tiempo I

Eras una calle cansada, una transitada vereda
como una sinuosa vía llena de vida extrínseca.
Atravesé tus dominios y nos vimos de cerca:
No sé si te amé de inmediato o lo hice a la distancia.
Sin embargo, caminé como los adolescentes
y me movía de lado a lado,
a ver si entre tus recodos lograba ver tu pureza
y con total presteza, me cobijé entre tus sueños.

Te tornaste carne mía, mis lágrimas te bañaban,
mis labios te acariciaban por las mañanas.
Y cubrí todos tus gemidos con mis palabras:
cuántas cartas surgieron de mis puños enamorados,
cuando me inclinaba de noche como Almagro en sus memorias.
Entonces, todas las nubes tenían tu rostro
y los vientos exudaban tus perfumes,
porque todo era perfecto, como en la gramática de las postales.

Y, ya vez ahora, como te callo desde esta costa solitaria.
Te veo desde todos los puertos y todas las orillas,
Porque desde que te fuiste, habitas siempre en el horizonte
como un buque que jamás se pierde en la inmensidad del espacio.
Los ríos que han surgido de las cuencas de mis ojos
no han bañado tus pies pequeños, no han vertido bálsamos sobre ellos.
Entonces todo parece más inocuo, más inverosímil,
todo me sabe a firmamento desdibujado.

No volverás, porque es imposible que los fantasmas
vuelvan desde sus ataúdes submarinos,
es solo que yo vuelvo a explorar esos barcos sumergidos,
pues guardo la esperanza de encontrarme tu retrato en el naufragio.
Mas, ¿dónde puedo hallar mejor descanso
que en esta pequeña y extraña costa que he convertido en mi hogar?
Las nubes atraviesan el cielo nocturno y te recuerdo:
"Las estrellas que desaparecen del cielo siguen formando tu rostro".

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