Escurría el agua como brotaba sangre de Santiago
y sus acordes y poemas agonizaban
en una muerte lenta, pero esperanzada.
Si el hombre es un ser elpídico,
entonces abrirá las grandes alamedas,
por los que atravesará,
como una flecha entre el infeliz y el Dios,
el hombre libre de todas las épocas.
Tu canto libre fue poema victorioso
en medio de la adversidad del plomo furioso
de los fratricidas de todos los tiempos,
pues toda guerra contra la vida
es contra los hombres
y los hombres somos todos hermanos.
Tu canto tuvo sentido
cuando palpitó en todas las venas de tu pueblo.
Es posible que algún día en la lejanía del tiempo,
las mujeres y hombres de este angosto territorio,
tengan que abrazarse como en los brazos del Paraíso:
hasta ahora, todos enemigos, comulgarán como hermanos
en un eterno fuego tibio
que cuide de todos y de cada uno.
Si, como cantó Unamuno, somos todos de consuno,
seremos más que todas las odiosas piras.
Y, entonces, podremos decir:
¡Qué dulce Patria!...
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