Es de mañana y tú no estás.
La brisa cubre una playa vacía
Y las olas acarician la orilla
Trastabillando delicadamente.
Ya hemos estado aquí otras veces
Otras lejanas y desvencijadas épocas.
Y tu recuerdo arrulla mi ilusión
Cuando estoy más abandonado.
Hemos estado otras veces aquí
Proyectando nuestra mirada
Al infinito desconocido
Y tú ofrecías tu silencio planetario
Y yo mis dudas de ventisquero.
Es de mañana y la escarcha cae
Sin motivo alguno:
Es tan natural como el deceso
De un amor que se sumergió profundo:
¿Quién descubrirá sus vestigios
En estos versos fríos que le ofrezco
Que surgen como alimento de muerto?
Son los lirios aquellos expiran
Su aroma funerario,
Y recuerdan el aroma de dos cuerpos
Que desnudos exudaban el amor.
Y ese amor que una vez fue tan niño
Hoy tiene morfología de epitafio.
Sin embargo, sonrío a viva voz,
Porque lo que no muere se transforma,
Y genera un campo ubérrimo
De posibilidades amorosas.
Y si todas las galaxias conspiraron
Para dar paso a la existencia,
¿Por qué no hallaré yo consuelo
En estos versos de pétalos de rosa?
El sol surge desde su trono luminoso
Y alumbra a todas las existencias
(Como un poder que da vida
A todo un pueblo):
No deja vida sin ser tocada.
Ni un solo golpe de una fuerza misteriosa
Colmará mi alma de frustradas vías,
De solsticios que no traigan el milagro,
De aparatos que no produzcan vida:
Viviré en todas mis facetas,
Me ceñire a mi cuerpo con una fuerza
Tan vital como la del fuego al cerillo.
Adquiriré mi luz como nieve derretida
Que se realza por sobre todas las cabezas.
Y, de este modo, cantaré
Los versos rotos de nuestro amor muerto
Volverá a tener vida en mis palabras,
Se borrará su huella en los conceptos.
¿Qué más esperare?
Que el tiempo sepulte todos sus monumentos.
Y se abrirán los grandes días de luz...
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