martes, 1 de julio de 2014

XYZ

"Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios" Primo Levi.


¿Cuál es la posibilidad del bien? Es una pregunta que abarca la noche como su total inmensidad. Es posible que Dios no exista y que todo el fundamento ontológico del bien no sea más que una ilusión emotiva que nos vincula a la realización de la vida. La vida debe realizarse y en su realización confluye su sentido: no otro puede ser el significado del proyecto que somos, finalmente, cada uno de nosotros. Lo que es hoy, quizá mañana no lo sea (como decía Neruda: "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos"), y la búsqueda de la eterna vinculación con lo seguro, con la certeza de que las cosas de hoy serán mañana, es un adelanto de nuestro enfrentamiento con la muerte.

En la vida actual no hay certezas. Eso es algo que cada día respiro entre la naturalidad exasperante de los rostros fenoménicos que me rodean, que me circundan, que son mis "otros", que son mi infierno (L'enfer c'est les autres) No hay certezas. La certeza más absoluta se torna redundante cuando dudamos de lo más esencial: ni ello se me manifiesta con seguridad, ni lo que soy, ni lo que somos, ni lo que fui, ni lo que seremos. Anquilosado en la masa ardiente del delirio, está la existencia del mal: "Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios". ¿De dónde ese salto cuántico, desde qué lugar me lanzo hacia el vacío de la nada? Si la única certeza es lo que fue, entonces, lo que será, será verdadero, como se preguntaba Aristóteles sobre su batalla naval. El pasado es necesario. Lo que somos, no lo es tanto. Y el futuro, el futuro es incierto. Si Zubiri tiene razón y somos seres "futuristas", entonces somos esencialmente no esenciales. Nietzsche dijo "Dos mil años y ni un nuevo dios". Heidegger respondió: "Sólo un dios puede salvarnos".

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