jueves, 5 de junio de 2014

Ser feliz

Con la entrada de la noche y con las dudas, avanzo enmascarado. No veo más que obstáculos y no sé cómo sortearlos. Quizá mañana brille un sol que me queme y que me demuestre que en el calor también cabe la traición: cuando todo haya acabado, sólo dime que las cosas estarán bien, que asumirás la derrota y que dejaras que me consuma en el dolor como siempre lo he hecho. Después de todo y nada, todo estallará y creará nuevos universos.

¿Dónde estaré de pie y con un libro propio bajo el brazo cuando comiencen los fuegos artificiales? Cada vez que brillo y me consumo, muero de algún modo. Si nuestras acciones se pegan a nosotros y nos agotan, como el fuego al fósforo, entonces quisiera ser vacío, quisiera ser como Dios y flotar en un vacío ontológico que nunca acabe. Si voy al Cielo, le preguntaré a Dios por qué me creó, aunque quizá ya tenga la respuesta.

Cada vez que viajo por estas frías galaxias, por gélidos témpanos que se atraviesan ante mi camino, no escucho sino el eco que me dice "¿Lo lograrás?". Pues, los dioses siempre se han contentado en aplastar todo lo humano. "Soy un hombre: nada humano me es ajeno", pero quizás hay Algo que me pide más. Si tengo que sacrificar lo que tanto luché por conseguir, entonces, ¿qué me queda? Como Abraham, subo al monte y entrego mi sacrificio: creí mi alma estéril y de ella surgió el más espurio de los quehaceres del corazón. ¿Dónde encontraré mi choza, para pelear contra Él?

Hoy estoy aquí: ¡Escúchenme, desde mi pequeño planeta, toda la vida del universo! No hay mayor derrota que la que provocas por ser como eres y quizá ser es una condena de la cual jamás podré salvarme. No soy cobarde, no soy débil, soy simplemente un corazón que se ha estrellado tantas veces contra sus propios errores que se siente ridículo, porque cada vez que ve la ventana por la cual escapar del vacío existencial, se lanza presuroso por entre la marquesina y cae en un lugar más absoluto y frío que el anterior (¿Dónde estará aquel lugar que perdí en el tiempo?) Es probable que todas las hazañas que haya realizado, sean las que se transforman hoy en mi enfermedad mortal.

Caminé entre cadáveres y flores, entre los acérrimos días del invierno absoluto, por entre el desdén, la crítica, la burla de personas que jamás comprendieron que mi corazón no era semejante al de ellos: yo no soportaba lo que ellos soportaban, mas, ellos no sentían tan sublime como yo sentía. Quizá por eso, me encuentre equilibrándome en una cuerda lanzada en medio del abismo, desde la cual pretendo ser lo que jamás podré ser: una persona feliz.

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