miércoles, 1 de enero de 2014

Eva Onírica

Estoy aquí, sentado con los rayos del Sol
que son la única certidumbre de que estás.
No te veo porque estás lejos
y las emociones se transportan como haces de fotones.
Sin embargo, sé que los mismos rayos
están atravesando tu corazón y el mío al mismo tiempo.

Si no te vi es porque siempre te fuiste,
pero siempre que te fuiste jamás arrancaste
esta flor de raíz, este tallo desde su principio.
jamás te llevaste tu aroma ni el de tus ungüentos
solo llenaste con recuerdos tu espacio vacío
que no fue vacío hasta que quedó por fin vacío.

Tu mañana fue inmensa ante los rayos inefables;
mi mañana fue absoluta entre tus encantos
de tanto que debería alegrarme
por tus manos sencillas, por tu piel blanquecina
por tus senos orgullosos y tu cuello de paloma
y tus labios que cantan la canción del mañana.

Aunque soñé que mis cantos para ti se acababan
este canto lo hago desde el umbral del reposo,
de mi espíritu remoto y sus melodías cansadas,
de este campo yerto que alguna vez fue abundante.

Te soñé, te sueño y te soñaré tantas noches
que las estrellas del cielo me llevarán la cuenta,
y ya no habrá más tiempo que el que paso soñando
como en tus brazos redimiendo mi quebranto.
La noche pasará absorta en tu cuerpo de hembra
y mis papeles se irán en los vagones vetustos.

Te soñé, te sueño y te soñaré tantas veces
que el alma se acostumbrará a verte desnuda
una y mil veces como la noche terráquea,
ciento mil veces como los otoños remotos
de los campos ubérrimos del Paraíso.
Porque serás mi Eva Onírica,
mi pasadizo hacia la vida redonda.

Mi Eva Onírica, carmín de los besos callados,
Eva Onírica de los campos sembrados
y de los vientres encinta.
Eva Onírica, canto de las mil voces remotas
y de las noches de amor en un lecho cómplice.
¡Eva Onírica mi bandera del corazón entusiasta!

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