Un muchacho contemplándose frente a un espejo.
¿Quién es?
Es la voz de su infancia destruida,
de su silueta desdibujada y despojada de su encanto.
Una vida que se enfrenta a todo,
ese todo que nos nubla la existencia
y que somos nosotros mismos
en el otro.
Niños juegan y se divierten,
¿por qué yo estoy tan solo?
Niños corren, otros, pavonean
ante muchachas sonrientes
y bellas,
y yo, ¿por qué soy tan feo?
Me escondo tras los pasillos,
me esfumo en la oscuridad,
si parezco hasta invisible,
cuando el balón que patearon
se acerca a mis pies de monstruo.
¿Por qué me escogieron a mí,
porque lo soy o porque me hicieron?
¿Hasta qué punto llega
el precio que pagamos
por haber venido aquí
donde ni siquiera escogimos venir?
Una llamarada de dulzura
que pueda encontrar en cualquier mirada,
ya no importa, quizá, deba ser como la mía
despojada de su encanto,
de su profunda inocencia,
arrojada al mundo sin esperanza
y buscando excusas
para abrir los ojos cada día.
Es como si me hubieran quitado el ser
y me condenaran al destino
de no poder abandonar lo que haya sido.
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