Previamente tu rostro saltaba al mío
¿No lo recuerdas?
Una vez bajaste por una calle
En Playa Ancha;
Otras, bajaste una avenida cordillerana.
Me abriste al ser con sabor aguamarina.
Sin embargo, eras siempre
Bajo infinitos disfraces.
Un rayo de sol ilumino tu rostro,
Una poesía acaricio tu cabeza
Y descansaste en mis brazos, desnuda,
Una mañana de enero,
Cuando mis ganas temblaban
En la inmensidad de tu cuerpo.
¿Te acuerdas cuando el camino se abría
Hacia destinos remotos
Que ni siquiera sabemos
En la mocedad de las vidas?
Y del café y la empanada
Del cigarrillo y el buzo,
La chasquilla despeinada
Y tus ojos de niña atravesando fronteras.
Yo te veo en la miel que brota de tus ojos.
En tu sonrisa estrepitosa de las mañanas,
En el gemido breve de tu ser
Abierto al amor.
En la blancura deliciosa
De tu piel de teclas de piano,
Y te arranco notas,
De tus poros abiertos,
Y palabras deliciosas
De tu boca besada.
Yo vengo desde todas tus letras
De tu voz en la noche
De la aldea callada de tus cabellos oscuros,
De la primavera absoluta
De donde brota el amor en tu cuerpo;
Vengo y voy, hacia todas tus metas.
Voy hasta tus recovecos,
Hasta tus silencios más fríos
Y de todo lo que toco
Salvo su mejor melodía.
Fuiste siempre una mística
Una ilusión pasajera,
Una nota callada por el fragor tempestuoso
De un amor embravecido.
Fuiste siempre amorfa
Porque eras lo indefinido,
Venias de eso, y yo logre cogerte
Como venias, como te acercabas
Sin dar muestras de lo que realmente eras.
Te tomé y te amé como nunca
Te había amado en otras veces
Cuando te ame al principio,
Como te amé en la mitad
Y como te amo ahora,
Pequeña estrella perdida
Cuya luz refleja ontológicos miedos.
Te amé como viniste
Con tu ser liberado,
Te amé desde siempre
Con tu vestido de siempre:
Bajo infinitos disfraces.
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