miércoles, 4 de diciembre de 2013

Sustenazo

Ávido de ti
me lanzo a tu conquista.
Mas, no voy con la torpeza manceba
de mis años mozos:
me dirijo a ti y contemplo
tu preciosa geografía
como Julio César,
orgulloso, respiró el viento de las Galias.
Es que eres tan inmensa
en tu bosque de altos árboles
que, con mi corazón ardiendo, voy explorando tu ser.
Y el viento resopla:
en el silencio recóndito de tu alma
beso el elixir de tus labios,
hermosa y tibia carne,
que se extiende por esas pardas geografías.
Ya vez, me pongo enfrente de mis miedos
y desaparezco como un águila infinita
cobijando la esperanza de las cosas imposibles.
He anidado un sueño:
y tú te vas callando cada día
y mi sueño se torna una quimera.
Sueño roto, como las hojas mustias
de un otoño que jamás se vestirá de primavera.

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