En medio de la calle, un muchacho camina cabizbajo. El mundo cae y se destruye, y la sociedad miente y se revela como es: nada es lo mismo después de salir del Paraíso. Todos se miran desconfiados, el cáncer de la incomunicabilidad y el pecado ha penetrado en la carne, ya está descompuesta. Camina y observa, respira y presiente que la vida adquiere más sentido en el sinsentido. Ya está lejos de los mundos del baile y las sonrisas (sólo resuena a lo lejos la carcajada de Dios inicial, en el espacio vacío y el tiempo continuo), ha caído el velo sobre el mundo, solo puede caminar entre la gente, sin espíritu, sin fe ni esperanza, en la vacuidad existencial universal. No ve más que sombras: está en la profundidad misma de La Caverna.
En medio de una muchedumbre, oculta su corazón en su rostro sonriente. Le sonríe a las personas, para luego apuñalarlas. ¿Quién no ha sacrificado a los demás por sus propios fines? ¿Quién no ha urdido la traición en las bellas palabras y los apretones de manos? Los labios son para besar, para trasladarse por el cuerpo del ser amado; los labios también se hicieron para mentir, o para besar en la mejilla y dejar en manos de los perros. Su rostro era lo que propiamente Kant llamaría Erscheinung: manifestaba algo interior, pero no en ἀλήθεια. La necesidad existencial vital requiere de ciertas regalías: poder manifestar en libertad, sin temor a recibir el ostracismo social. Sin embargo, conocía el alma humana, en su espíritu inflamado en Dostoievski, y reconocía que jamás podría manifestar lo más oculto de su alma: aquellas oquedades resguardaban un tesoro luminoso y lleno de contradicción.
Ya ha pasado la época del tiempo, ahora se pierde en la plenitud. Mas, no puede abandonar el tiempo, ni su destino absoluto. Dos niños juegan en una plaza: mediante una visión, se le revelan como siendo los dos, en el futuro, grandes desconocidos. ¿Por qué conocemos a tanta gente, si sólo algunos son los fundamentales? Recordó el día en que conoció a ... Ella buscaba el sentido igual que él, sin embargo, desde diversas perspectivas ontológicas, desde ansiedades existenciales variopintas. El mismo camino se manifiesta distinto en cien mil millones de formas, más que las estrellas del firmamento, más que las arenas en el mar. El Tiempo los unió. Sin embargo, no se le ocultaba en el fondo de su espíritu de poeta maldito que lo que dura el amor es lo que duró en estallar la masa ardiente: una fracción de segundo.
Comenzó a correr. La vida estaba perdiendo su sentido y se destruía cada sentido detrás de él. Atravesó rápidamente la plaza de calle 3 Poniente en dirección al oriente (cuanto sinsentido le daba ahora a esa direccionalidad) El viento sopló desde el norte y los truenos avecinaban un cataclismo. Exprimió su dolor transfigurado en lágrimas, no soportó más la tarde solitaria; los árboles se inclinaron con el viento, su chaqueta comenzó a hacerse jirones; las aves cayeron muertas sobre el césped, el cual comenzó a tornarse amarillento: ¿Así es Señor? ¿Así es como acaba la Existencia? Ya había acabado, ningún proyecto restaba por hacer. En una sola intuición percibió todas las fragancias de las muchachas que amó, cuando súbitamente abandonó el cuerpo desgastado y se desintegró entre los efluvios de los jardines que esa tarde fenecieron junto a él.
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