Sus vidas tenues,
como el hierro más duro
trastabillando por el sendero existencial
se carcomieron
en remolino de pasiones.
Les llamaban los atrabiliados,
pues sus vidas recientes
eran vorágine y quietud.
Nadie los supo comprender,
hasta Dios se aburrió de acompañarlos.
No hubo mujer que los amara,
ni flor que brillara entre sus manos.
Deambulaban sembrando la pasión,
el cariño encarnecido rechazaron de raíz,
traicionaron el corazón más fiel
y mordieron las manos amigables.
¿Por qué, una pléyade intelectual
perece tan incierta en el ocaso?
¿Por qué, aquellos que cargaron
el mundo en sus hombros,
fueron tan mal catalogados?
Hicieron un pacto con el Mal
desde que de sus plumas
brotaron palabras de desidia
contra todo lo vital de la existencia.
Abandonaron todos los senderos
para beber vino endemoniado
en la berma de la historia
(y así poder fornicar con el destino)
Fueron maldecidos
desde todos los confines de la Tierra.
Perecieron en cárceles humanas
transfigurándose en estatuas divinas.
¿Quiénes eran estos dioses del dolor?
¿Quiénes estos ángeles de sangre?
¿Pudieron acaso ser mensajeros
del divino?
Todo fueron y nada fueron
y cuando llegó la hora maldita
escupieron la tierra
y quedó maldita.
Escanciaron la sangre del Mesías
enturbiaron su mensaje con sus actos.
Pregonaron la esencia y la existencia
¿qué consiguieron?
Ser nada en medio de todo,
ocultarse les fue fácil,
morir, un gran trabajo.
Hoy se escuchan sus voces
en todas las corrientes de los ríos
pues su pacto fue ahogarse en medio de ellos
como un canalla que se suicida.
¡Ay, cómo quiero que se acabe este lamento
que suscita el recordar a estos tronera,
y como pueda parecer a cualquiera,
esta historia es una burla momentánea
a todo lo que todos consideran más sagrado:
el amar la sociedad, ¡maldita seas!
No hay comentarios:
Publicar un comentario