La Libertad avanza disfrazada de monumento.
Canta temprano por la mañana
en el ruido seco de botas militares,
o en los ¡bang! oscurecidos de metales implacables.
La Libertad se muestra descarnada
en una oscura sala de dos seres
que juegan a destruirse la existencia uno al otro
con sus interrogaciones nihilistas
y sus caballos rotos.
Resuella en el llanto de un angelito
que conoce su ascendencia por fotos polvorientas.
Libertad es un nombre y una palabra
la humanización misma de la dignidad ontológica.
Es como una flor que crece en Atacama
con el verdor profundo de Valdivia.
¡Santa Libertad! Sueño erótico de pequeños tiranos
cuyos nombres se escriben con infamia en la Historia.
Suena tu nombre en el canto de un caza
y en el agudo sonido de un proyectil cayendo
(un niño observa al objeto desde el suelo)
Alimento terrestre, pánico obnubilado
recalcitrante en el alma de muchos, aunque no seas.
Libertad parsimoniosa, hija de reflexiones divinas,
huyes cada vez que tu nombre es pronunciado
por las mordaces bocas de los traidores con traje.
Brillas como ausencia en el horizonte, oscuro ocaso,
lengua desapercibida que alimenta la nada.
Libertad exámine:
cuando vengas no me llames por mi nombre
que el fratricida está saliendo del cuartel.
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