Desde mi ventana se ve la orilla de una playa: llena de recuerdos, la arena va y viene con el resoplar del viento. Como un suave peine, las olas van atusando intermitentemente aquella orilla. Alguna vez nuestros pies descalzos dejaron sus marcas, muchos vientos atrás. Quizá en el futuro, nuevas marcas fecunden esta orilla que, desde que nos alejamos como dos cometas en el espacio infinito, no ha parado de llorar la espuma olvidada de una playa solitaria.
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