miércoles, 21 de agosto de 2013

Atravieso la noche oscura y fría
tiritando entre la niebla proyectada.
Soy aparición de medianoche
absoluta flama opacada.
Lucho con etéreos fantasmas
de cicatrizadas llagas momentáneas,
prontas a ver brotar desde sí
ríos de sangre a borbotones
ante la inminencia del espíritu de vida
¡Déjame sumergirme en tus gemidos!

¡Love will tears us apart again!
y quizá me muera en el intento
de la búsqueda sin clara ganancia,
de un ambiente espeso sin destino.
Es que eres diáfana como los mares
por los cuales amanece el Sol de primavera,
mas no estás en mí sino solo en proyecto
y mis brazos buscan tus abrazos.
Te busco en medio de la noche
y esta niebla me sostiene como un sueño.

¿Acaso me necesitas como yo a ti?
¿Puede ser que mis labios se topen con los tuyos,
que la nieve se derrita en tu candencia,
que otros ríos desemboquen en tu océano,
que otra copa se llene casi entera?
Es que tus ojos de madera siempre fina observan
como dos faros anunciando una quimera.

Aunque mire tus ojos esquivándolos,
siempre me doy de bruces con su esencia,
con la deliciosa miel que de ellos brota,
con la cándida mirada que proyectan.
Haces eco de todos mis deseos,
te vistes de mañana como un hada en la floresta.
Encuentras mis sonidos más etéreos
en tu voz de sirena griega antigua.
Abrazar tus sueños, abrasar tus labios,
es un sueño que me tienen siempre en vela.

Je ne sui jamais seul avec ma solitud,
pues todas mis soledades llena tu entelequia,
tus cabellos brillando junto a Febo,
danzando como árboles al viento.
Eres vino blanco de espuma rebosante,
eres oro inca, eres diamante,
Dios labró con todos sus metales
la silueta apetitosa de tu cuerpo.
¿Por qué cada vez que me apareces
te vez bella como hecha de los sueños?

¿Puede una gaviota volar sobre tu pelo
sin dejar caer todas sus plumas,
haciendo nevar materia viva
sobre la piel lozana de tu geografía?
Como un salmón viajando río arriba
quiero dar saltos y saltos de energía
esforzándome para tocar tus cimas absolutas.

Mas la noche es fría y neblinosa
y no distingo tus ojos de madera.
Busco entre las calles tus gemidos
las notas opulentas del encuentro.
Dirijo hacia la luz todas mis miradas,
te exploro como bosque en pleno invierno,
con las hojas mojadas por la lluvia
un rocío de amor siempre sereno.
Porque te amo desde temprano hasta el ocaso
es que mi cuerpo desgastado yace exhausto.

¡Motívame!, mujer ojos de astilla
a ser mástil que corte en dos tus vientos.
A ser marinero constante en tus mares
bucear desesperado en todos tus océanos.
No me basta con verte sin besarte,
ni amarte con la brisa del mar junto a la arena,
sino que quiero abrazarte sin desvelo
acariciar tu rostro prolongado.
Dame amor, que yo lo tengo acá guardado
esperando abrirlo y desatar una tormenta.

¡Mírame!, por favor contempla mi mirada
y verás el reflejo de tu alma
adornada con etéreas flores, nobles alhajas,
vinculadas al vino más precioso.
Observarás el ancho de tus reinos
en mi corazón pequeño y absoluto,
no verás la mácula del odio,
ni los cantos severos del Averno.
Sólo entenderás que la lenta melodía
canta orgullosa todas tus facetas.

Porque eres y estás en esta vida
yo respiro del aire y de los vientos.
Sueño divino, piel blanca que yace recostada:
¡Suéñame esta noche y encontrémonos!









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