martes, 20 de agosto de 2013

Sol de mis planetas

Los rayos de Febo penetran la existencia
Donde me hallo aquí parado frente al mundo,
Esperando todos los aciertos,
Que parten desde ti hacia el infinito.
Busco concretizarme en aquello que
Puedo sentir y que falseo escribiendo,
Porque, ¿Cómo literalizar esos ojos
Maravillosos con los que miras,
Esas pequeñas puertas
Por las que puedo entrar en tus
Mundos sibilinos?

La fuerza de la palabra me parece cómica
En relación con la obstinada de tu ser:
No puedo objetivarte, ni escribirte,
Pues las dimensiones abismales
De la mansión que habitas
Están por sobre todos mis conceptos.
Eres tan luminosa, mujer, como Apolo.
O la flama traída por Prometeo,
O como Zarathustra bajando hacia los hombres,
O El Hijo enviado hasta la Tierra.

He jugado a vestirte con sagradas vestimentas,
Mujer abigarrada y absoluta,
Ni mis cantos han podido siquiera rozarte
Y llevarte una estrella a tus cimas.
He jugado con el cobre de tus ojos,
Con la tibia mirada que proyectas
Por entre jardines oscuros y confusos
A través de pilares y musas desgastadas
Y no te veo sino con mis ojos desgastados,
Para que te vuelvas estrella de todos los planetas.

Es tan frío aquí abajo donde no llegan
Los rayos absolutos de tu brillo
Que a veces duermo y te veo transfigurada,
Con tu sonrisa matutina ante el umbral
De mis recuerdos.
Proyectas sombras sobre todo lo que existe,
Diosa griega, Tierra mineral color madera,
No hay rincón de tu geografía inexlorada
Que me parezca innecesario ser sabido.
Porque vuelas como el canto de las aves
Es que amo todas tus piruetas.

Te das vuelta y tu mirada brillante
Ilumina de nuevo mi existencia.
No hay rincón de mi alma que no rebose,
Que no exija a gritos tu presencia.
Porque brillaste desde tu llegada
Al planeta oscuro en el que habito,
Es que mi ojo se ha regulado a mirarte
Llama absoluta de colores dionisíacos.
Y aunque estos versos no te toquen,
Son tuyos como el esplendor de lo divino.

Si te sigo no me ignores a conciencia
Mas espérame como el mar al río,
Deja hundirme en lo inmenso de tu océano,
Ser navegante itinerante de tu piel.
Quizá mañana encalle en tus encantos,
O puede ser que me hunda hasta el ocaso,
Pero cada día que te miro
Ante la pléyade de astros que te circundan,
No puedo desear más que lo absoluto:
¡Sé el sol de todos mis planetas!

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