Soñé contigo y eras tan real
que mis palabras te alcanzaban
sin mucho esfuerzo.
Aparecías divina, con tu rostro alargado,
con tu flamante sonrisa,
con tus ojos parsimoniosos.
Y todo lo que hacía
era para ti:
mis palabras te rodeaban
y no necesitabas sino estar desnuda
para vestirte con ellas.
Te alcancé con mi vida
en cuenta regresiva:
no quise decírtelo, pero me iba.
Y quise tanto estar contigo,
pero no me atreví a buscarte,
por miedos pasados,
por tormentas recientes,
por decisiones torpes
y decepciones relativas.
Es porque no te tuve
por lo que te extraño.
Estoy seguro que un día
por más lejano que sea,
volverás como una quimera
a despertarme por las noches
y diré en ese entonces: ¿Acaso he vivido?
Y la respuesta dependerá
una vez más de ti,
y no podré responderme
más que desde la posibilidad.
Seré río permanente
del cauce de tu cuerpo;
seré viento desatado
sobre tus colinas turgentes;
seré ley y regente
de tus cósmicos labios.
Seré presente y olvido
del jardín de tu alma
y vendré cada noche
a recoger tus flores.
Porque serán siempre mías,
porque seré su alimento.
Mañana despertaré de nuevo
de esta loca fantasía
y me preguntaré de nuevo:
¿Qué ha sido de mi vida?
No hay comentarios:
Publicar un comentario